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DEL VIEJO, EL CONSEJO

Deja la charla, Consuelo, que una moza casadera no debe estar en la era si no está el Sol en el cielo. Tu hogar tendrás apagado, y al mozo que habla contigo le está devorando el trigo la yunta que ha abandonado. Mira que está oscureciendo, que en las riberas lejanas ya están cantando las ranas, ya están las aves durmiendo. Que tocan a la oración, y hay gentes murmuradoras cuyos ojos a estas horas cristales de aumento son. Y es que los oscureceres son unas horas menguadas que han hecho ya desgraciadas a muchas pobres mujeres. Mira, muchacha, que ha sido la tarde muy bochornosa y va a ser fresca y hermosa la noche que ha producido. Mira que son muy contadas las fuerzas de la memoria; mira que huelen a gloria las mieses amontonadas. Y está tu galán delante, y está tu hermanillo ausente, y está el amor en creciente y está la Luna en menguante. Y a luz tan débil yo creo que sola a salir no atinas del laberinto de hacinas donde metida te veo. Tal vez si el mozo me oyera pensara que esto es perfidia, creyera que tengo envidia, que tengo celos dijera. Pues con la venda de amor no viera que soy un viejo que solo con un consejo puedo acercarme a tu honor. Vete, muchacha, y no quieras llorar prematuros gozos, que sé lo que son los mozos y sé lo que son las eras. Y en tales oscureceres pláticas tales de amores dicen los murmuradores que son de tales mujeres... Y tienen razón, Consuelo, que una moza casadera no debe estar en la era si no está el Sol en el cielo.

📖Reseña y Análisis Literario

En 'Del viejo, el consejo', José María Gabriel y Galán despliega una lírica de carácter costumbrista que trasciende el simple admonitio o consejo moral para erigirse en un retrato de la vigilancia social de la España rural de finales del siglo XIX. El poema articula una advertencia prudencial, vehiculada por la voz de un anciano hacia una joven, Consuelo, quien se encuentra en una situación de vulnerabilidad social durante el crepúsculo. La obra explora la tensión entre el deseo amoroso juvenil y la rigidez de las normas morales vigentes. El autor emplea un tono paternalista, casi agorero, que utiliza el paso del tiempo y la llegada de la noche como catalizadores de peligro. El tema central no es solo la virtud femenina, sino la inevitabilidad de la murmuración y el peso de la reputación en un entorno comunitario cerrado. Las emociones evocadas oscilan entre la cautela, la nostalgia de la sabiduría longeva y una sutil, pero palpable, desconfianza hacia la naturaleza humana. A través de la figura del viejo, el poeta establece una dialéctica entre la pasión inexperta y la experiencia, advirtiendo que el entorno —físico y social— puede transformar un momento idílico en una tragedia de deshonor. Es, en esencia, una pieza que subraya cómo el decoro se convierte en la principal herramienta de supervivencia frente al juicio de terceros.

🏛️Contexto Histórico

José María Gabriel y Galán fue un destacado poeta de la literatura española de finales del XIX, conocido por su profunda vinculación con el mundo rural salmantino. Su obra se enmarca en un contexto de exaltación de lo tradicional y lo vernáculo, en clara oposición al creciente proceso de urbanización y secularización de la sociedad española de su tiempo. Este poema refleja las estructuras patriarcales y la moralidad conservadora imperantes en las zonas rurales del interior peninsular, donde la preservación del honor familiar y la reputación pública regían la vida de las jóvenes casaderas.

✍️Figuras Literarias y Métrica

El poema se estructura mayoritariamente en cuartetos con rima consonante, utilizando una métrica de versos octosílabos, propia de la lírica tradicional española. Entre los recursos estilísticos destacan el uso del epíteto ('noches menguadas', 'fuerzas de la memoria') y la metáfora ('cristales de aumento' para referirse a la mirada crítica de los vecinos). Se observa el uso de la anáfora en el empleo del 'mira que...', que otorga un ritmo exhortativo y enfático al consejo. Finalmente, la estructura es circular, ya que el poema cierra repitiendo el estribillo inicial, otorgando a la advertencia una cualidad sentenciosa e inamovible.

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