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Lo único que tenemos es el cuerpo...

Lo único que tenemos es el cuerpo descendemos o caemos por los pozos del alma y allí están las orillas y la arena, las casas de madera abandonadas, el recuerdo del aro y las canicas, la luz en las paredes de las calles, allí están los gemidos de los muertos que estaban en el patio de la casa, en el bar de los bailes y las mesas de mármol. ¿Qué trenes oigo entre el oleaje? Tropiezo con las puertas y los árboles, llega la lejanía de muy lejos, y el cristal de las fábricas, los caminos se borran, encontramos pájaros y alimañas y caballos, bosques de telarañas y ropa polvorienta. Las madres del prostíbulo nos besaban el vientre y allí nos levantamos abrazados al cuerpo, abandonados, en los soles del agua la mano que nos lleva a la ceniza, a la ciudad de calles circulares borrada eternamente por la luz, oh ciudad de los muertos y de iglesias, de muchachas desnudas en la nieve, de reyes y corceles y de cruces, frágiles primaveras en los bosques, me voy continuamente por el puente a la isla más triste de las aguas, gime tan lejos de cuclillas madre, la hermana muerta araña los cristales, meto en sacas el pan enmohecido, busco y a abro puertas de la luz. Qué suave y delicada es esta muerte, era el amor, era el jardín aciago, era el olvido que ahora ya no es nada. Todo lo que tenemos es el cuerpo y todo lo que tiene el cuerpo es la muerte.

📖Reseña y Análisis Literario

El poema 'Lo único que tenemos es el cuerpo' de Juan Antonio Masoliver Ródenas se erige como una elegía existencial sobre la finitud y el despojo. El autor articula una lírica de la memoria donde el cuerpo no es solo materia, sino el depositario único de la experiencia humana ante la inevitable disolución. A través de una imaginería sombría y onírica, Masoliver Ródenas construye un paisaje mental poblado por los vestigios de la infancia —el aro, las canicas— que colisionan violentamente con una realidad decadente: el bar, el prostíbulo, las fábricas y la presencia constante de los muertos. La emoción central es una melancolía ontológica, una suerte de desarraigo donde el 'yo' lírico transita por una geografía circular y espectral. El poema explora la transición desde la vitalidad física hacia la ceniza, subrayando que la identidad es, paradójicamente, un proceso de abandono constante. La dicotomía entre la luz —a menudo cegadora o vacía— y la oscuridad del recuerdo dota al texto de una atmósfera de inquietud. La conclusión, un silogismo fatalista donde el cuerpo se identifica con la muerte, cierra el ciclo reflexivo del poeta: somos lo que perece, habitamos una arquitectura de la memoria que se desmorona irremediablemente hacia el olvido.

🏛️Contexto Histórico

Juan Antonio Masoliver Ródenas, figura clave de la literatura española contemporánea como crítico, traductor y poeta, enmarca esta pieza dentro de su madurez creativa. Su obra se sitúa en un contexto de posguerra y transición, donde la tradición poética española —desde la lírica clásica hasta el existencialismo— es reinterpretada a través de una lente cosmopolita y desencantada. El poema refleja las angustias de la modernidad tardía, donde el sujeto lírico, despojado de certezas metafísicas, busca refugio en el cuerpo ante la orfandad de los grandes relatos históricos.

✍️Figuras Literarias y Métrica

El poema emplea un verso libre de ritmo pausado y confesional que favorece la introspección. Entre sus figuras destacan la metáfora (ej. 'pozos del alma', 'bosques de telarañas') para denotar el trauma y el paso del tiempo. Utiliza la enumeración caótica para representar la fragmentación de la memoria y el uso frecuente de la hipérbole y el oxímoron ('jardín aciago', 'frágiles primaveras'). La anáfora y el paralelismo en el verso final refuerzan el peso existencial de la tesis central. No existe una rima constante, priorizando el ritmo interno y la cadencia que imita el fluir del pensamiento y la inestabilidad de la conciencia.

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