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Pequeña crónica de la fundación de una ciudad

Sobre esta piedra, junto a este árbol retorcido ya harto de la vida ellos fundaron la ciudad. Tal vez vinieron, ellos, tras las cosas; tras las casas vendrían otros, los postreros. Luego vendrían los amores y los primeros nombres de la vida, tenues apenas, inseguros, pero certeros ya para el dolor. Dejo para después la relación de las canciones bajo el árbol, y los jóvenes tristes y las tristezas jóvenes. Dejo el olvido, y el olvido pasa. Y dejo para luego aquella historia de los enamorados que murieron de alguna forma y por cualquier motivo. Porque murieron vida como pudieron vivir muerte y sin embargo aquí quedan las muelas que el ratón no ha logrado terminar, el cadáver azul ya hecho ceniza en el fondo del mundo. Y aquella foto que sonríe y que es constancia de que existieron más allá del polvo con esos ojos, esas bocas, esos gestos de ayer que el tiempo apaga pero no devora. Aquí dejo el olvido. Aquí lo pongo para que venga el olvido y se lo lleve. Olvida, oh vida, el olvido, olvídalo. Allá está la ciudad. El pájaro en la rama. El sueño quieto sobre la ternura, el ojo abierto que atestigua y cuenta y el eco y el reflejo petrificados. Desde el balcón hablaba ella. Hablaba con la vida, lo sabemos. Su risa era una racha de alegría y una fiera el suspiro. Palpo la vértebra, el pecho que se agita, el pulmón que bombea, el seno ardiente, su pezón, cereza. El vértigo lo dice. Aquí estuvieron. Se besaron. Se amaron. Se vivieron. Se tocaron. Se vieron. Se olieron. Se bebieron. Y así fundaron la ciudad. Y allí donde hoy están las ruinas negras el amor fue perfecto ?todo amor es perfecto? para salvar la luz y el corazón. Duran más las palabras que las piedras.

📖Reseña y Análisis Literario

En 'Pequeña crónica de la fundación de una ciudad', Juan Domingo Argüelles despliega una meditación lírica sobre la naturaleza efímera de la existencia humana frente a la permanencia de la memoria. El poema articula una dialéctica entre la construcción física de un asentamiento urbano y la construcción emocional de la identidad a través del amor y el dolor. El autor desmitifica la idea de una fundación heroica, prefiriendo centrarse en el rastro íntimo: las risas, los gestos y los cuerpos que habitaron el espacio. Los temas centrales son la finitud de la vida y la persistencia de la palabra como único bastión contra el olvido. La emoción evocada transita desde una melancolía reflexiva, marcada por las ruinas y la ceniza, hasta una exaltación vitalista en la sección final, donde se reivindica el encuentro erótico como el verdadero acto fundacional. La paradoja central, 'duran más las palabras que las piedras', resume la tesis del poema: el lenguaje poético posee una capacidad de supervivencia que trasciende la materia, convirtiendo el acto de narrar en una victoria sobre la aniquilación histórica. Es una obra que, con sencillez léxica pero gran profundidad metafísica, rescata a los individuos anónimos del vacío del tiempo, otorgándoles una inmortalidad basada en su capacidad de haber sentido y amado en un punto geográfico concreto.

🏛️Contexto Histórico

Juan Domingo Argüelles, nacido en 1958, es un autor cuya obra se enmarca en la literatura mexicana contemporánea. Este poema refleja las inquietudes de una generación interesada en la memoria, el registro histórico subjetivo y la crítica a la deshumanización de los grandes relatos fundacionales. La obra se sitúa en una tradición que cuestiona la solidez de lo monumental frente a lo cotidiano, influenciada por la vasta tradición poética iberoamericana que explora el paso del tiempo, el desencanto y la persistencia del deseo, distanciándose de la solemnidad histórica para abrazar una épica de lo íntimo.

✍️Figuras Literarias y Métrica

El poema emplea el verso libre, evitando una métrica rígida para privilegiar el ritmo del habla y la introspección. Entre los recursos estilísticos destacan la anáfora y el paralelismo (ej. 'Se tocaron. Se vieron. Se olieron. Se bebieron'), que confieren una cadencia acumulativa y un ritmo casi ritual al acto de recordar. Se utiliza la prosopopeya en el tratamiento del olvido, al cual se interpela directamente ('Olvida, oh vida, el olvido'). La metáfora es clave, especialmente en la oposición entre 'piedra' (lo inerte, el olvido, la ruina) y 'palabra' (la permanencia, el registro). También se observa el uso del polisíndeton, que dota a las enumeraciones de una sensación de totalidad vital, enfatizando la inmediatez de la experiencia sensorial en la construcción de la identidad ciudadana.

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