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Poema.es

Retrato de señora junto la mar

Yo sé que no podrás ayudar a tu hijo, como ayer, a tratar las palabras como si fuera hoy el primer día que las descubre y las pronuncia: no podrás evitarme la ingrata piedra del lugar común con que tropiezo y caigo como todos tropiezan y todos caen ante la risa infame de la solemnidad. Yo sé que no podrás evitarme siquiera la nostalgia que es íntima y, ya se sabe, reaccionaria; porque ahora llegas o te apareces nada más o yo te traigo de la mano y te muestro las ruinas de aquella edad azul igual que el mar que nunca vimos juntos por la costumbre de tenerlo siempre al alcance de la mano, en asedio constante como la oscuridad. Igual que el porvenir es el pasado y lo que pierde uno en descubrirlo no es tiempo ni optimismo: sólo una vieja calle de una ciudad lejana o un recuerdo que nadie pretende recordar; o la lluvia que tiene la virtud de volvernos sedentarios mientras la contemplamos como un prodigio o un milagro. Yo sé que no vendrás a poner la certeza ahí donde yo pongo el corazón e intento con palabras revelar una imagen, ?una imagen siquiera? de una infancia lluviosa y un pasado presente que perdimos los dos.