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HUNDIMIENTOS DE LA COSTUMBRE

Hundimientos de la costumbre. Brotes. El viento construye ciudades (quien las ve no las ha visto). Silencio: súbita elocuencia. Y una luz inmediata que no deja tomar aliento. * No es el tiempo el que corre somos nosotros quienes pasamos iluminados por un lado o en sombras ahogados o clamorosos. Somos la referencia del tiempo la irremediable certidumbre de destrucción las ruinas por venir las contingencias y la memoria que de pronto cesa se expanden la ausencia el vacío palpita el recuerdo entre los que nos miran morir empiezan el despojo las liturgias del luto los vestigios devorados día a día por el olvido las descomposiciones activas el polvo el pasaje desconocido hacia el enigma. * Debe haber algún lugar en nosotros mismos donde cesa el combate de los contrarios y no se juega más a cara o cruz donde las cosas brillan con propia lumbre y la mirada resplandece en el silencio dominios de doble blanco donde se unen el agua y el fuego sin violencia y nieva en el trópico sin cambiar de clima y los hielos eternos calientan el cuerpo y podemos vernos nacer y morir en un movimiento de duna que se desliza o viajar en constantes de años-luz hacia ayer para corregir las desgracias o hacia mañana para anticipar los trabajos detener los vencimientos antes de hundirnos en algún núcleo en algún hervor en alguna inmanencia sustraídos al tiempo máscara de la eternidad.

📖Reseña y Análisis Literario

En 'Hundimientos de la costumbre', Juan Liscano articula una meditación metafísica de gran calado sobre la finitud humana y la naturaleza esquiva del devenir. El poema se estructura como un tríptico que transita desde la fragilidad de la percepción cotidiana hasta la disolución existencial, culminando en una búsqueda utópica de trascendencia. Liscano rompe con la idea lineal del tiempo, postulando que es el sujeto quien, a través de su propia transitoriedad, confiere sentido a la cronología. La obra está impregnada de una tensión dialéctica entre la descomposición —representada por el polvo, las ruinas y el olvido— y la anhelada 'inmanencia', aquel espacio interior donde las contradicciones de la existencia se suspenden. La atmósfera emocional oscila entre la angustia ante el despojo inevitable y el asombro místico ante la posibilidad de un 'doble blanco', un estado de gracia donde el individuo se sustrae al flujo temporal. Es un poema sobre la precariedad de la identidad y la búsqueda de un centro inmutable frente al caos de la experiencia. La voz lírica no claudica ante la muerte, sino que la integra en un movimiento cósmico, proponiendo la eternidad como una máscara que encubre la incognoscible esencia de nuestra propia condición.

🏛️Contexto Histórico

Juan Liscano (1915-2001) fue una figura central de la intelectualidad venezolana del siglo XX. Su obra refleja las preocupaciones existenciales de la posguerra, marcadas por un profundo conocimiento de la filosofía y el misticismo. Este poema se inscribe en su etapa de madurez, donde su poesía abandona el costumbrismo para adentrarse en una introspección metafísica universal, influenciada tanto por el pensamiento crítico contemporáneo como por la tradición poética de búsqueda espiritual.

✍️Figuras Literarias y Métrica

El poema emplea el verso libre, evitando una métrica rigurosa para favorecer un ritmo que emula el pensamiento fragmentario. Destaca el uso de la antítesis y la paradoja, especialmente en la tercera sección ('fuego sin violencia', 'nieva en el trópico', 'hielos eternos calientan'), que subraya la superación de la lógica dualista. La metáfora central es la del 'tiempo como máscara de la eternidad', una imagen que cosifica la abstracción. Se observa el uso frecuente de la enumeración caótica para representar el desmoronamiento de la vida ('el polvo', 'el despojo', 'las liturgias del luto'), reforzando la sensación de dispersión existencial mediante una sintaxis que, por momentos, carece de conectores lógicos para enfatizar el vacío.

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