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Fugaz

Y no tendrá dominio la muerte Dylan Thomas No sé si este poema es el que tú necesitas, si sus sonidos dicen más que sus silencios. Tómalos como abrigo de lana, como plato caliente. Si no en ti, en alguna parte de ti habrán de sonar, aunque yo no sepa guiarlos. ¿Quién puede, con palabras, guiar una voz cuando el decir y el sonar no son idénticos? Ahora pienso en ti. Es bondadoso este evocar venido con el frío como el mejor regalo. ¿Pensarás tú en mí? ¿En qué porción del espacio se unirán los recuerdos? Debe de existir algo sagrado si este pensar te trae y me lleva. Un dios manchado con mi misma carne, respirando con tu mismo aliento. Nada es firme, ya sé, los vientos pasan trayendo vientos de otras tierras. También este viento con pájaros que me estrecha contigo como si tuviera miedo. Miedo a nombrar y romper estos días, miedo de que te canses y vayas de pronto, miedo a no saber despedirme y a carecer de antídoto contra el miedo. Ya he dicho demasiadas veces adiós y todas esas veces he muerto un poco. No me digas adiós, quédate siempre, y no tendrá dominio la muerte. En la hora suprema sabremos por fin lo que el tiempo ha hecho de nosotros.

📖Reseña y Análisis Literario

En 'Fugaz', Juan Ramón Mansilla construye un ejercicio de introspección lírica donde la vulnerabilidad se erige como el eje vertebrador de la experiencia amorosa. El poema, que abre con una referencia explícita a Dylan Thomas, establece un diálogo intertextual que trasciende la simple cita para nutrirse de la lucha contra la finitud. A través de una voz confesional, el autor explora la fragilidad de la comunicación humana, cuestionando la capacidad del lenguaje para capturar la esencia de un sentimiento. El poema oscila entre la calidez del recuerdo —evocado como 'abrigo de lana' o 'plato caliente'— y la zozobra existencial que produce el paso del tiempo. La angustia ante la despedida y el miedo a la disolución del vínculo amoroso se entrelazan con una búsqueda casi metafísica de permanencia. Mansilla logra un equilibrio sutil entre la desesperanza y una fe laica en lo sagrado del encuentro, presentando el amor como una red de protección frente a la muerte. Es una pieza de una honestidad desarmante, donde la evocación del otro funciona como una estrategia de resistencia ante la fugacidad del presente, transformando la memoria en un refugio contra la erosión inevitable del tiempo.

🏛️Contexto Histórico

Juan Ramón Mansilla se inserta en la tradición poética contemporánea que retoma el existencialismo clásico para proyectarlo sobre las inquietudes del individuo moderno. La obra se inscribe en una corriente lírica actual que, alejándose de estridencias vanguardistas, prefiere recuperar el tono intimista y reflexivo, muy presente en la literatura española de finales del siglo XX y principios del XXI. La motivación central del poema es la persistencia del sujeto a través del afecto en un mundo caracterizado por la incertidumbre y la mutabilidad constante.

✍️Figuras Literarias y Métrica

El poema emplea una métrica libre que otorga un tono conversacional y reflexivo al texto. Entre sus recursos, destaca el uso recurrente de la metáfora sensorial: el recuerdo es descrito como 'abrigo' o 'plato caliente', facilitando una aprehensión física de lo abstracto. Se observa una clara antítesis entre el 'decir' y el 'sonar', que subraya la incomunicabilidad del sentimiento. El autor utiliza la anáfora y la enumeración en la estrofa dedicada al miedo, intensificando la angustia lírica. Finalmente, la mención de Dylan Thomas actúa como un intertexto que dota de gravedad épica al cierre, reforzando la tesis del amor como antídoto frente a la caducidad existencial.

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