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Ecos de la agonía

Fui sólo sombra habitada por el desdén, por los caprichos de la luz vagante. Fructificó en mi ser la desventura y puntualmente repartí sus dones; a veces la alegría dejaba en el aire su estela. Árbol solitario, pan de la multitud, fui lo que pude. De repente todo se va muriendo. (!Dios, cierra los ojos y mira tu obra y compadécete de ti!, pero si soy yo el hacedor de tanto fruto estéril, mándame de una vez al infierno y olvídame. !Acaba ya conmigo, Dios, tú ganas!) Hoy, al borde de esta tarde yo también me muero, para luego tal vez recomenzar...