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Poema.es

XV (I)

Hace siglos llovieron sonrisas a mi solitario caracol padecí tus fiebres y alcancé tu pecho para anidar. De vos, ni un solo gesto queda tan sólo el pincel de tu recuerdo que te dibuja en mi soledad, ya no volveré a tus labios ni a tu almohada piedra de volcán. Sea por vos que devoro inviernos con los ojos y trenzada a tu muerte mantengo mi munición de amor para esparcirte en todas mis galaxias en punto del disparo con profundo amor a mis compañeros y el odio más temido a la implacable ave de rapiña enemiga del futor, del amor y nuestra lucha.