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GLOSA A UN EPITAFIO

(carta al padre) And fish to catch regeneration. Samuel Butler, Pescador de muertos. Solos tú y yo, e irremediablemente unidos por la muerte: torturados aún por fantasmas que dejamos con torpeza arañarnos el cuerpo y luchar por los despojos del sudario, pero ambos muertos, y seguros de nuestra muerte; dejando al espectro proseguir en vano con el turbio negocio de los datos: mudo, el cuerpo, ese impostor en el retrato, y los dos siguiendo ese otro juego del alma que ya a nada responde, que lucha con su sombra en el espejo-solos, caídos frente a él y viendo detrás del cristal la vida como lluvia, tras del cristal asombrados por los demás, por aquellos Vous etes combien? que nos sobreviven y dicen conocernos, y nos llaman por nuestro nombre grotesco, ¡ah el sórdido, el viscoso templo de lo humano! Y sin embargo solos los dos, y unidos por el frío que apenas roza brillante envoltura solos los dos en esta pausa eterna del tiempo que nada sabe ni quiere, pero dura como la piedra, solos los dos, y amándonos sobre el lecho de la pausa, como se aman los muertos «amó», dijiste, autorizado por la muerte porque sabías de ti como de una tercera persona bebió dijiste, porque Dios estaba (Pound dixit) en tu vaso de whiski amo bebió, dijiste, pero ahora espera ¿espera? y en efecto la resurrección desde un cristal inválido te avisa que con armas nuestra muerte florece para ti que sólo sabías de la muerte. Aquí ¿debajo o por encima? de esta piedra tú que doraste la sobrenatural dureza y el dolor sobrenatural de los edificios desnudos ¿en qué perspectiva ?dime? acoger la muerte? en la mesa de disección tú que danzaste enloquecido en la plaza desierta tropezando hiriéndote las manos en el trapecio del silencio en pie contra las hojas muertas que se adherían a tu cuerpo, y contra la hiedra que tapaba obsesivamente tu boca hinchada de borracho, danzas, danzaste sin espacio, caído, pero no quiero errar en la mitología de ese nombre del padre que a todos nos falta, porque somos tan sólo hermanos de una invasión de lo imposible y tus pasos repiten el eco de los míos en un largo corredor donde retrocedo infatigable, sin jamás moverme ¡ah los hermanos, los hermanos invisibles que florecen, en el Terror! ¡Ah los hermanos, los hermanos que se defienden inútilmente de la luz del mundo con las manos, que se guardan del mundo por el Miedo, y cultivan en la sombra de su huerto nefasto la amenaza de lo eterno, en el ruin mundo de los vivos! ¡Ah los hermanos, Y el ave, el ave que vuela sobre el mundo en llamas, diciendo solo a los mortales que se agitan debajo, diciendo solo: ABISMO, ABISMO! Abismo, sí, tibia guarida de nuestro amor de hermanos, padre. ¡Pero tan solos! ¡Tan solos! Fantasmas que hace visible la hiedra ?como hiedramerlín como niñadecabezacortada como mujermurciélago la niña que ya es árbol? crecen hojas en la foto, y un florecer te arranca de los labios caníbales de nuestra madre Muerte, madre de nuestro rezo florecen los muertos florecen unidos acaso por el sudor helado muerto de muchas cabezas hambrientas de los vivos te esperamos ave, ave nacida de la cabeza que explotó al crepúsculo ave dibujada en la piedra y llena de lo posible de la dulzura, de su sabor ajeno que es más que la vida, de su crueldad que es más que la vida ¡ira de la piedra, ira que a la realidad insulta, que apalea a la cabaña torpe de la mentira con verbos que no son, resplandecen, ira suprema de lo mudo! (te esperamos en la delgada orilla de lo que cae, en el prado nocturno que atraviesan lentos los elefantes percibís el frío la conspiración de las algas, gelatina, escamas, mano que sobresale de la tumba manos que surgen de la tierra como tallos surcos arados por la muerte, cabezas de ahorcados que echan flor: decapitados que dialogan a la luz decreciente de las velas, ¡oh quién nos traerá la rima la música, el sonido que rompa la campana de la asfixia, y el cristal borroso de lo posible, la música del beso! De ese beso, final, padre, en que desaparezcan de un soplo nuestras sombras, para asidos de ese metro imposible y feroz, quedarnos a salvo de los hombres para siempre, solos yo y tú, mi amada, aquí, bajo esta piedra.

📖Reseña y Análisis Literario

En 'Glosa a un epitafio', Leopoldo María Panero articula un complejo diálogo espectral con la figura del padre, el poeta Leopoldo Panero. El poema trasciende la elegía tradicional para convertirse en un ejercicio de introspección ontológica donde la muerte no es un final, sino un espacio de encuentro y confinamiento mutuo. Los temas centrales —la orfandad, la otredad, la incomunicación y el rechazo a lo 'humano'— se manifiestan a través de una imaginería sombría donde el 'yo' y el 'tú' se disuelven en una unidad traumática. La emoción predominante es un desamparo metafísico; el sujeto lírico siente que su existencia está sujeta a una 'pausa eterna' que excluye al mundo de los vivos. La mención a los 'hermanos' y al 'abismo' refuerza la idea de una genealogía maldita, donde la escritura es la única forma de habitar la ausencia. La poética de Panero aquí es visceral, casi clínica, transformando la relación filial en una disección del lenguaje y la memoria, donde el 'beso' final representa la anulación necesaria de la identidad frente al peso insoportable de la historia familiar y la realidad material.

🏛️Contexto Histórico

Leopoldo María Panero (1948-2014) fue la figura central de los llamados 'Novísimos' y, simultáneamente, el exponente máximo de la poesía de la marginación y la locura. Este poema debe leerse bajo el prisma de la compleja biografía del autor, marcada por la sombra alargada de su padre —poeta oficial del régimen franquista— y su propio internamiento psiquiátrico. La obra refleja la ruptura generacional y personal que definió la literatura española de finales de los años 70 y 80, donde el autor intenta exorcizar la figura paterna a través de una estética vanguardista que dialoga con la tradición simbolista y el desgarro existencial europeo.

✍️Figuras Literarias y Métrica

El poema se caracteriza por un verso libre, fluido y una disposición tipográfica espacial que busca replicar el silencio y el vacío. Entre los recursos estilísticos destacan el uso constante de la antítesis (vida/muerte, luz/sombra) y metáforas perturbadoras como 'la hiedra que tapaba obsesivamente tu boca' o 'los muertos florecen'. Es notable el uso del hipérbaton y el encabalgamiento, que fracturan el ritmo para simular el discurso errático de la locura. La intertextualidad es clave: el autor cita a Samuel Butler y Ezra Pound, elevando el poema a un nivel erudito. La anáfora y la repetición obsesiva (especialmente del término 'solos') funcionan como un mantra que enfatiza la claustrofobia existencial del sujeto poético, mientras que las imágenes oníricas y surrealistas ('la niña que ya es árbol', 'cabezas de ahorcados que echan flor') consolidan un lenguaje de extrañamiento.

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