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El tronco de ovas vestido

El tronco de ovas vestido de un álamo verde y blanco, que entre espadañas y juncos bañaba el agua de Tajo, y las puntas de su altura del ardiente sol los rayos, y en todo el árbol dos vides entretejían mil lazos; y al son del agua y las ramas hería el céfiro manso en las plateadas hojas, tronco, punta, vides, árbol. Éste con llorosos ojos mirando estaba Belardo por qué fue un tiempo su gloria como agora es su cuidado. Vio de dos tórtolas bellas tejido un nido en lo alto, y que con arrullo ronco los picos se están besando. Tomó una piedra el pastor y esparció en el aire claro ramas, tórtolas y nido, diciendo alegre y ufano: «-Dejad la dulce acogida, que la que el amor me dio, envidia me la quitó, y envidia os quita la vida. Piérdase vuestra amistad, pues que se perdió la mía que no ha de haber compañía donde está mi soledad. Tan sólo pena me da, tórtola, el esposo tuyo, que tú presto hallarás cuyo, pues Filis le tiene ya-». Esto diciendo el pastor, desde el tronco está mirando adónde irán a parar los amantes desdichados. Y vio que en un verde pino otra vez se están besando; admiróse y prosiguió olvidado de su llanto: «-Voluntades que avasallas, Amor, con tu fuerza y arte, ¿quién habrá que las aparte, que apartallas es juntallas? Pues que del nido os eché y ya tenéis compañía, quiero esperar que algún día con Filis me juntaré-».