Bendíceme pues, tú, ojo tranquilo,
Que sin envidia puedes ver
Una dicha demasiado grande.
Federico Nietzsche
I
Los signos del Zodiaco
Géminis
Es extraña nuestra canción. Es demasiado triste y antiguo lo que cantamos. Nuestra canción no nos pertenece. Y si se nos oye en las noches en las ferias, es porque no somos ajenos al cansancio y la gloria, porque la paz que encontramos alcanzará a cubrir por un día el deseo.
Hemos llamado en nuestra ayuda a la fatiga. Hemos subido los muros. Hemos dejado en casa al hermano, al mismo hermano que guarda ?quizás sea que volvamos? el gastado cuaderno de sus labios.
Hemos ascendido los mares, uno a uno llegado. Y es que Nave, lo más Sur y vencido, nos aguarda. Y tal vez este juego que inventamos, este juego en que ardemos confundidos, ha venido de sus manos a las nuestras.
Y en nuestro corazón, que jamás fue duro, es poniente ahora. Porque pese a que fuimos simples e inalcanzables, hemos sobrevivido al hermano. Lo hemos dejado, ciego y amargo, en sus viajes no emprendidos: sólo trazos de los dedos silenciosos sobre el mapa.
Aries
Tomamos de la Estación que muere
Los despojos.
Tomamos los añicos lucientes
Del Verano.
Con ellos en la tarde, heridores del Estío,
Entretejemos
El recuerdo pacífico y cruel
Del aire helado.
Scorpio
Hacia furia este camino:
Esta calle bajo luna, bajo áspera luna,
Sin esquinas. Los prestigios del agua
Que nos muestra sus lentos pilares derruidos.
Algo recordarás aquí de la canción de la tierra,
De la música girante de la esfera.
Algo recordarás de la majestad de los días perdidos,
De los días atados en las manos, como cintas:
Esto es lo que en la noche se acompaña.
Inimitable es esta melodía:
Hacia estanque las tardes que bebimos en las calmas
oleosas.
Hacia furia conduce esta canción.
Aunque el dulce Noviembre
Nos derribe en estrellas,
Elevados.
Piscis
Es el Sur quien nos lleva y nos olvida
Hacia el alba postrera. Sus presagios,
Aprendidos sin miedo en las estrellas,
Son tan sólo la forma como el agua
Centelleante ha llegado.
Acuario
Jugador de tenis de una noche
Al regreso, Acuario, constelado.
Yo no sé si esa prisa que alcanzaste
En tu duro golpear en la fatiga
Tenga un término de paz o de deseo.
Sueña, Acuario, caído en los espacios,
Todo pleno en tu mudo parecer, en tus heridas
Errante, confundido, entregado
Al Oscuro y al cansancio.
Sin embargo a nosotros nos es dado
Nunca a tu forma llegar,
Nunca un lugar en tu juego
Entre luces crecidas en alambres.
Los gimnasios del mar son esta brisa,
Estos peces extraños: pobres signos del agua
Que en su ascenso a la dicha se han perdido.
Virgo
Tú debiste estar
Cuando sol y espiga.
Agosto era un mes tan simple.
Agosto es el mes más simple.
Yo soy ahora quien sueña,
Quien dobla lentamente
En las esquinas.
Tauro
Qué antiguas estirpes del dolor
Vivieron en tus entrañas, toro.
Toro formado a imagen
De mi insomnio.
De qué ocultos guariques, como humo
Surgió tu alma: crótalo negro,
Toro entre banderas.
Crótalo en la selva de la arena dorada.
Si creado contemplo tu amargura,
Tu alma, toro,
Se torna en mi celeste compañero:
Tuyas son como mías
Las fugaces visiones
De esta tierra.
📖Reseña y Análisis Literario
En 'Las constelaciones' (1965), Luis Hernández Camarero articula una cosmogonía lírica donde la mitología zodiacal trasciende la astrología para convertirse en un mapa existencial de la melancolía, el exilio interior y la finitud. A través de la personificación de diversos signos, el autor explora la fractura entre la identidad y la memoria, utilizando la figura del 'hermano' y del viajero como metáforas de la otredad. El tono predominante es elegíaco y contemplativo, impregnado de una atmósfera onírica donde la fatiga y el deseo convergen. La obra sugiere que el destino humano es una construcción frágil, un 'juego' donde la gloria es efímera y el dolor es, paradójicamente, el vínculo que nos une con lo trascendente. El sujeto lírico transita por espacios simbólicos —el mar, las ferias, el estío—, destilando una angustia vital que se resuelve en la aceptación de la pérdida y la disolución. La belleza del poemario reside en su capacidad para convertir la aridez del insomnio y la soledad en un escenario estelar, logrando una unidad temática donde la pequeñez del individuo dialoga con la inmensidad del cosmos, evocando una sensación de desamparo frente a la inexorable marcha del tiempo.
🏛️Contexto Histórico
Publicada en 1965, esta obra pertenece al periodo de maduración de Luis Hernández Camarero, poeta peruano fundamental de la generación del 60. Su escritura refleja un contexto de profunda introspección y búsqueda estética, alejada del compromiso político panfletario de la época, para refugiarse en una lírica hermética, personal y a menudo vinculada a la bohemia literaria. La referencia introductoria a Nietzsche subraya la influencia del pensamiento existencialista que permeaba la intelectualidad latinoamericana, obsesionada con la superación del nihilismo y la búsqueda de una verdad subjetiva frente a la realidad circundante.
✍️Figuras Literarias y Métrica
El poemario se caracteriza por un verso libre de ritmo cadencioso que prioriza la imagen sugerente sobre la rigidez métrica. Destacan las metáforas de amplio alcance, como 'los gimnasios del mar' o 'crótalo negro' para definir la naturaleza del signo Tauro, que dotan de plasticidad a conceptos abstractos. Se observa un uso recurrente de la personificación (prosopopeya) en las constelaciones, dotándolas de voluntad humana. El lenguaje, aunque contenido, recurre a adjetivaciones precisas ('áspera luna', 'añicos lucientes') que crean un ambiente sensorial. La estructura fragmentaria, dividida por signos, funciona como una serie de estaciones en un viaje iniciático, utilizando el encabalgamiento frecuente para otorgar una sensación de fluidez y continuidad, emulando el movimiento giratorio de las esferas celestes.