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Crimen pasional en la calle Tres Arroyos

Son las dos de la madrugada de un lunes cualquiera Hace treinta y dos años en la calle Tres Arroyos un inesperado crimen nos recordaba que también se mata por pasión. Las crónicas oficiales sólo reseñaron los celos enfermizos del autor de la tragedia pero nada dijeron de la consternada Laura la desdichada enfermera que aceptó consumar aquel ritual con su despiadado amante. ¿Quién fue la víctima y quién el victimario en la gélida noche del 4 de julio? ¿Qué se perdió en esa nocturna ceremonia pactada de antemano? Los cuerpos de ambos tomaron rumbos distintos pero nada diferencia a una cárcel de un morgue. Tal vez ella repose en paz junto a sus muertos quizá él todavía continúe atormentado por la traición de esos labios que tanto deseaba. Debe ser verdad aquello de que el amor y la muerte tienen un mismo destino.