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El entierro del poeta

A Víctor Casaus Dijo de los enterradores cosas francamente impublicables. Blasfemaba como un condenado y a sus pies un par de águilas lloraban pensando en las derrotas. En el entierro estaba Lautréamont, yo lo vi desde mi puesto en la cola: dejaba el sombrero al borde de la tumba y cantaba algo triste y oscuro (lloraba honradamente, ya lo creo, y los caballos devoraban higos en silencio). Hubo discursos, sonrisitas de Rimbaud junto a la cruz, paraguas abiertos a la lluvia como a él le hubiera gustado. Hubo más: hubo viernes y canciones funerarias, palomas que volaban sin sentido, como niños, versos oscuros, la hermosa voz de Aragón, suicidios deportivos de Georgette y nunca más y hasta siempre. A la hora más triste del asunto no quería bajar porque decía que allí estaba oscuro. Pero estaba muerto y hubo que bajarlo. Los sombreros abandonaron las cabezas, se alzaron copas, adioses, letreros de nunca te olvidamos. (Un joven poeta a mi derecha le mesaba las rodillas a la muerte). Lo bajaron. Se aplaudió en forma delirante; la gente corría como loca asumiendo lo grave del momento. Lo bajaban. Las mujeres lloraban en silencio porque bajaban las águilas, los sueños, países enteros a la tierra. Se intentó una última sentencia: Nerval se acercó con una tiza y escribió con letra temblorosa: Su cadáver estaba lleno de mundo. Desde el fondo, Vallejo sonreía sin descanso pensando en el futuro, mientras una piedra inmensa le tapaba el corazón y los papeles.

📖Reseña y Análisis Literario

En 'El entierro del poeta', Luis Rogelio Nogueras construye una elegía profundamente original que trasciende el duelo convencional para convertirse en un ejercicio de metapoesía y comunión literaria. El poema es un escenario onírico donde el acto de enterrar a un poeta se transforma en una ceremonia colectiva donde conviven figuras tutelares de la lírica universal como Lautréamont, Rimbaud, Aragón, Nerval y Vallejo. Esta convivencia de espectros literarios subraya la idea de la persistencia de la palabra escrita frente a la caducidad biológica. La estructura narrativa, que alterna entre la crudeza del acto funerario y la irrealidad de los símbolos (águilas, palomas, caballos comiendo higos), revela una tensión dialéctica entre la oscuridad de la muerte y la vitalidad del legado artístico. La ironía se hace presente cuando el muerto, reacio a la oscuridad del sepulcro, encarna la resistencia del espíritu creativo. La imagen final de Vallejo sonriendo mientras la tierra cubre los papeles es una sentencia poderosa sobre la trascendencia: el poeta, aunque físicamente oculto, queda 'lleno de mundo'. El poema evoca una melancolía serena, no exenta de una vitalidad lúdica y crítica, posicionando el hecho poético como un evento sísmico donde la historia y la imaginación se funden irremediablemente.

🏛️Contexto Histórico

Luis Rogelio Nogueras (1944-1985), figura central de la generación de los setenta en Cuba, escribió este poema bajo la influencia de la modernidad literaria y el diálogo intertextual. La dedicatoria a Víctor Casaus vincula la obra con el círculo intelectual cubano de la época, mientras que la invocación de poetas malditos y vanguardistas europeos refleja el cosmopolitismo de Nogueras y su afán por integrar la tradición universal en su propia estética lúdica y existencial.

✍️Figuras Literarias y Métrica

El poema se estructura en verso libre, priorizando el ritmo interno sobre la rima. Destaca el uso de la alusión y el 'collage' literario, donde la presencia de autores históricos funciona como una metonimia de sus respectivas estéticas. Se emplean metáforas surrealistas, como 'suicidios deportivos de Georgette', y símiles evocadores como 'palomas que volaban sin sentido, como niños'. La personificación de la muerte y el uso del paréntesis actúan como dispositivos de distanciamiento irónico, permitiendo una visión escénica que alterna entre lo solemne y lo absurdo, consolidando un tono trágico-burlesco muy característico del autor.

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