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Poema.es

FRANCESCA

?La tierra en donde vi la luz primera es vecina del golfo en que suspende el Po, ya fatigado, su carrera. Amor, que sin sentir el alma prende, a éste prendó del don, que arrebatado me fue de modo que aun aquí me ofende. Amor, que obliga a amar al que es amado, juntónos a los dos con red tan fuerte que para siempre ya nos ha ligado. Amor hiriónos con terrible suerte; y está Caín de entonces esperando aquí al perverso que nos dio la muerte. Palabras tan dolientes escuchando, incliné sobre el pecho la cabeza, «¿en qué ?dijo el Poeta? estás pensando?» Y respondí, movido de tristeza ?«¡Ay de mí! ¡Cuánto bello pensamiento, cuánto sueño de amor y de terneza »los condujeron al fatal momento!». Y vuelto a ellos «¡oh, Francesca! ?dije?, al corazón me llega tu lamento; »y de tal modo tu dolor me aflige, que las lágrimas bañan mi semblante. Pero tu triste voz a mí dirige, »y dime de qué modo, en cuál instante, cuando tan dulcemente suspirabais, y en el fondo del alma, vacilante, »tímido aún vuestro deseo guardabais. ¿Dime de qué manera inesperada os reveló el Amor que os adorabais?» Ella me respondió: «¡Desventurada! ¡No hay pena más aguda, más impía, que recordar la dicha ya pasada »en medio de la bárbara agonía de un presente dolor!... Y esa tortura la conoce muy bien el que te guía. »Mas ya que tu piedad saber procura el cómo aquel amor rasgó su velo, llorando te diré mi desventura». Leíamos con quietud y grato anhelo de Lancelote el libro cierto día, solos los dos y sin ningún recelo. Leíamos... y en tanto sucedía que dulces las miradas se encontraban y el color del rostro se perdía. Un solo punto nos venció. Pintaban cómo de la ventura en el exceso, en los labios amados apagaban los labios del amante, con un beso, la dulce risa que a gozar provoca. Y entonces éste, que a mi lado preso para siempre estará, con ansia loca hizo en su frenesí lo que leía... temblando de pasión besó mi boca... y no leímos más en aquel día.