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La esposa en la ausencia de su amado

¡Infausta noche oscura en que mi amable Esposo se ha ausentado! Por gozar su hermosura dejaré patria, casa y pueblo amado; herida de su amor salgo a buscarle, y no he de descansar hasta encontrarle. Como divina esencia estás presente; poderoso, en todo; pero vuestra clemencia suspendéis, ¡oh, Señor!, y de tal modo, que celoso de mí, Dueño querido, para probar mi fe te has escondido. Cual el ligero ciervo huiste de mi vista presuroso, y del tormento acerbo mi pecho siente el golpe riguroso. Más me esfuerza el amor, Dueño Divino, y no temo los riesgos del camino. Este desierto triste, donde faltan de flores las alfombras, y solamente existe el horror pavoroso de las sombras, a los ayes que doy, ¡dolor terrible!, parece se conmueve, aunque insensible. No estorbes, alto monte, los pasos de esta amante peregrina que deja tu horizonte y a buscar a su Esposo se encamina. ¿Y cuándo encontrará mi fiel afecto a mi Bien, a mi Luz, a mi Dilecto? ¿Si oyendo los balidos de sus ovejas, a quien tanto ama, estará en los ejidos, pisando de los campos verde grama? ¿O en las altas nevadas serranías compadecido de las ansias mías? ¿Si en sencillas aldeas, fuerza de las ciudades y bullicio, donde en tantas tareas el útil labrador cumple su oficio? Allí podré encontrar mi Rey augusto, que fija en la humildad su trono y gusto. Zagalas que en apriscos cuidadosas guardáis vuestro ganado: pastores que estos riscos tantas veces habéis atravesado, ¿habéis visto al más bello peregrino, que siendo humano tiene ser divino? Verde prado frondoso, matizado con tanta margarita, ¿descansó en ti mi esposo, cuyo inmenso poder no se limita, del Padre resplandor puro, brillante, que antes fue que el lucero, y es mi amante? Fresca, agradecida fuente, que aumentas de estos valles la hermosura, detén a tu corriente y de mi pecho templa la amargura; formando el cristal brillante espejo en el que de mi bien vea el bosquejo. ¡Oh memoria!, ¡oh memoria!, no aumentes con recuerdos mi tristeza; me falta aquella gloria que el Amado me daba con fineza; dichosa con su vista descansaba, y su aliento divino me animaba. Apreciable tesoro, precioso, eterno, bello y exquisito, al rendido adoro, por ser prenda de Vos, Dios infinito: mis ojos no te ven, te has ocultado, mas en ti el corazón tengo fijado. A la tórtola amante que en rama seca triste está gimiendo, pero fiel y constante desvíos de su Amado padeciendo, excedo en el dolor, estoy herida, y ausente de mi bien, pierdo la vida. Las bellísimas aves que alegres cantan al rasgar la aurora, dejen músicas suaves, suspendan la armonía por ahora que el increado sol que vi en Oriente ha escondido su luz resplandeciente. Vuele el céfiro blando, llegue veloz a darme algún recreo, y del que estoy buscando, a quien amo, a quien sirvo, a quien deso, toque con suavidad las tiernas huellas que el Amado estampó con plantas bellas. ¿Adónde entre las flores sosegará mi Bien la meridiana, gozando sus amores el candor puro de la azucena ufana? Mi Dueño, ¿adónde estás, adónde moras? De tu ausencia, Señor, cuento las horas. Todas las criaturas, a quien disteis el ser, Rey soberano, y son diestras hechuras de vuestra liberal divina mano, aunque unidas concurran a aliviarme, no es posible que puedan consolarme. La tempestad terrible acrecienta las sombras dominantes, el rasgo más temible amenaza a mi vida por instantes; el iris aparezca de bonanza, pues en él solo tengo mi esperanza. ¿Cuándo aquel verde ramo la paloma traerá de sacra oliva, y el Dueño a quien yo amo aliento me dará para que viva? Ven, mi Bien; ven, Señor, y sea luego, y cesará el diluvio en que me anego. Romperé las fronteras, surcaré ansiosa procelosos mares; con quejas lastimeras penetraré las fuerzas militares: circundaré la tierra, siempre estable, que me esfuerza un amor que es admirable. Llorosa doy las señas del bien Amado, cuando así padezco; en poblados y en breñas pregunto por la luz de que carezco. Como no me responden, se acrecienta el poderoso amor que me atormenta. Oí la voz del Dueño, cuyos ecos mi pecho liquidaron. Llamé y con gran ceño los guardias me siguieron y ultrajaron; las del muro, aumentando mis asombros, el palio me quitaron de los hombros. De Sión nobles hijas que habitáis en su centro venturosas, a mis penas prolijas mitigad con noticias amorosas. ¿Habéis visto en Salen mi Esposo amado, rubio, perfecto, blanco y encarnado? Sus labios agraciados derraman suavemente la dulzura; son bienaventurados los que dichosos gozan su hermosura: camina vencedor, y va con palma, llevando en pos de sí toda mi alma. Penetró mi fiel pecho tu saeta sutil, dueño adorable, y habiendo el tiro hecho, te alejaste de mí, bien inefable. Desfallezco, Señor, muero de amores; las manzanas me cerquen, y las flores. Vuelve, vuelve a los lazos que finamente fuertes aprisionan: descansa entre mis brazos, si deliquios amantes te enamoran: cesen iras, aparta los enojos, vuelve a mirarme, vuelve a mí tus ojos.

📖Reseña y Análisis Literario

El poema 'La esposa en la ausencia de su amado' de María Nicolasa de Helguero y Alvarado es una pieza de profunda raigambre mística, que se inscribe en la tradición de la lírica de inspiración bíblica, particularmente emparentada con el 'Cantar de los Cantares'. La obra articula el tópico del 'amor ausente' para simbolizar la aridez espiritual y la búsqueda agónica del alma humana hacia la divinidad. A través de un lenguaje apasionado y vehemente, la autora construye la figura de una peregrina que, en un estado de melancolía y fervor, recorre paisajes naturales y sociales intentando hallar al Esposo divino. La emoción predominante no es solo el dolor del abandono, sino la tensión dialéctica entre la fe inquebrantable y el silencio de Dios. El poema evoca una atmósfera de desolación existencial, donde la naturaleza misma parece insensible al sufrimiento de la protagonista. La resolución del texto, que termina en un ruego desesperado por la unión mística, refleja el deseo de trascendencia característico de la literatura religiosa de la época, donde la ausencia es el motor que intensifica el deseo y perfecciona la virtud, transformando el suplicio en un ejercicio de fidelidad absoluta ante el 'Bien, Luz y Dilecto'.

🏛️Contexto Histórico

María Nicolasa de Helguero y Alvarado desarrolla su obra en un marco cultural novohispano donde la poesía solía estar fuertemente influenciada por la espiritualidad barroca. El poema refleja la mentalidad de una época que utilizaba la alegoría amorosa como vehículo para expresar la relación entre el alma individual y la divinidad. Esta estética, cargada de iconografía cristiana y sensibilidad afectiva, era común en las comunidades literarias conventuales y laicas de los siglos XVIII, donde la imitación de los textos sagrados y la imitación de maestros como San Juan de la Cruz o Fray Luis de León definían la formación intelectual y devocional de la autora.

✍️Figuras Literarias y Métrica

El poema emplea una estructura de liras (combinación de versos heptasílabos y endecasílabos), recurso que otorga musicalidad y solemnidad. Entre sus figuras destacan: la personificación, al dotar de sensibilidad al desierto o a la fuente; la interrogación retórica, utilizada para enfatizar la búsqueda angustiosa; y el uso abundante de metáforas nupciales ('el amado como ciervo', 'el alma como peregrina'). También se observa el apóstrofe, al dirigirse directamente al 'Señor' o a las 'hijas de Sión'. El estilo es elevado y ornamental, típico del barroco tardío, buscando una correspondencia simbólica entre los elementos de la naturaleza y el estado anímico del sujeto lírico.

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