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Insomne lumbre

    Que cada palabra lleve lo que dice.           Rafael Cadenas Expresar asombros y nochuras. Enterrar la muerte. Inventar la vida. Abrirle los postigos a la noche. Cerrar los ojos a la luna. Dar con el árbol del primer camino. Con la vereda que nos vio salir. Tomarle el pulso al hambre. Saber del diapasón del pobre. De las creencias de Dios y sus costumbres. De los rituales del viento y sus cofrades. De la imagen horrenda del futuro. De la luciérnaga y su antiguo enigma. Saber de la escritura de las piedras. De la alta transparencia de los mudos. Del colosal silencio de los grillos. Tantearle a los sueños sus luceros. Conocer las entrañas de las hojas. El corazón del bosque y sus vitrales. El páramo, sus cuitas y plegarias. Desenterrar el misterio de la rosa. Ahuyentar la sombra y sus reveses. Escapar del ladrido de la calle. Del hosco muñón del peregrino. Del puñal que en la acera nos espera. O del barco que acecha nuestras costas. Dar con el ámbar del primer arroyo. Traspapelar la terquedad del lunes. Aullar juntos delante de los cielos. Escucharle al pobre su alarido. Compartir esperanzas con el árbol. Esperar a que baile el arco iris. Sabernos vivos todavía bajo el granado trigal de la noche insomne. Registrar ventoleras, arrebatos y miserias. Expulsar el despojo mutilado. Ser libres así el fuego nos cercene. Quitar algunas comas al crepúsculo. Ver la noche sin que nadie contradiga. Morir de pie a pesar de los milagros. Eludir la risa ensangrentada. Salvar la luz, sin la cual la tierra gemiría de espanto. Dar con una migaja de soledad marina. Con el grano de arena que a las costas de la divina antigüedad nos ata. Atravesar, siempre a la intemperie, incertidumbres, agonías, interrogantes y tragedias. Dar forma al vacío de modo que éste sea posible; ojos al poema para que pueda cruzar la calle; alas a Dios para que pueda llegar al hombre. Robarle sin que sepa una sonrisa al sol en la arboleda. Mirar el cielo solamente en el momento necesario. Cruzar, no la aurora, sino el alma en que ampara su soñar. Ventilar, aupar, asolear la eternidad cada día. Verse en el cielo gris, en la trémula víspera del júbilo. Escuchar a la soledad y dirigirle la palabra. Llegar con los ojos abiertos a la mirada final. A punta de hombre, tempestad y grito. Por obra y gracia del asombro a secas. Por el relámpago final del hambre. Por la luciérnaga y su insomne lumbre. Contar con la vigilia para el día. Con porvenir para fraguar enigmas. Defender el milagro de la vida. La fogata que lleve al alumbraje. A tiro limpio, la bondad del hombre.

📖Reseña y Análisis Literario

«Insomne lumbre» de Pablo Mora se presenta como un vasto inventario existencial que busca reconciliar la realidad física con la aspiración metafísica. El poema, que abre con la cita ética de Rafael Cadenas, se sostiene sobre una estructura de enumeraciones caóticas y verbos en infinitivo que denotan una voluntad de acción constante. Los temas centrales gravitan en torno a la dualidad entre la finitud humana y el deseo de trascendencia, la denuncia de la precariedad social y la búsqueda de un asombro primigenio. Mora articula una poética de la resistencia, donde el acto de nombrar equivale a dotar de existencia a lo invisible. Se evocan emociones de melancolía activa, una suerte de estoicismo lírico que no se rinde ante la «imagen horrenda del futuro», sino que insiste en la construcción de la vida frente al vacío. La voz lírica oscila entre la observación mística de la naturaleza —el bosque, el ámbar, la rosa— y una crudeza urbana, marcada por el miedo y la violencia latente. En última instancia, el poema se constituye como una oda a la vigilia perpetua, una invitación a preservar la «luz» y el «asombro» como herramientas indispensables para la supervivencia espiritual del hombre contemporáneo.

🏛️Contexto Histórico

La obra de Pablo Mora se inserta en la tradición de la poesía contemporánea de raíz iberoamericana que recoge el testigo de la generación de poetas venezolanos marcados por la introspección y la urgencia ética. Aunque el autor se proyecta desde una contemporaneidad marcada por la crisis y el desencanto, el texto resuena con la tradición humanista, donde la literatura funciona como trinchera frente al caos, evocando una conciencia histórica que dialoga con los maestros de la palabra despojada y el compromiso existencial.

✍️Figuras Literarias y Métrica

El poema se construye mediante el uso predominante de la anáfora y la enumeración caótica, estructuras que confieren un ritmo acumulativo y casi litúrgico. Destacan metáforas sensoriales como «diapasón del pobre», «corazón del bosque» y «hosco muñón del peregrino», que otorgan una dimensión física a conceptos abstractos. El autor emplea el asíndeton para agilizar la lectura y enfatizar la urgencia de sus mandatos. En cuanto a la métrica, Mora opta por el verso libre de aliento prosístico, permitiéndose una libertad rítmica que subraya la naturaleza de sus sentencias. Asimismo, la prosopopeya, presente en «la luciérnaga y su antiguo enigma» o el hecho de otorgarle «alas a Dios», refuerza el tono lírico y solemne que busca transformar la realidad cotidiana en un escenario mítico.

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