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Más cerca de la tierra

Yo traigo una palabra y una muerte dormida en la palabra, traigo un día confuso entre los dedos y unos dedos antiguos, pero este día comienza a perecer una vez que ha nacido. ¿De dónde diablos llega la ternura de esta voz primitiva al levantar pirámides inmensas a la llama que enciende la contienda entre el hombre cautivado y la sombra del viento, a poner una mano poderosa a la altura del pecho y a rasgar el vestido de los ángeles que torturan la vida? ¿De dónde amor, de dónde llegas en esta hora que me duele a desprender el dedo índice de los labios sedientos, irrumpiendo también por cada vello en deslumbrante cascada capaz de ahogar la rosa más alta y el más alto gemido, para que toda la tierra se ponga a renacer en salud y hermosura? Nadie sin una herida puede decir ahora: estoy presente, cuando la tierra clama con ternura por sus hijos amados. La muerte que yo traigo nunca la proporcionan las espadas, sino el tímpano roto de un caballo que llora en rebeldía: la muerte que yo traigo es la pureza y el esplendor de la vida. ¿Puedo decir acaso, con certeza, que la herida que ofrezco viene del mundo abrazo de mil cuerpos que se legan el sueño, del sedimento amargo que acumulan los vientos clandestinos, del polvo que se muere en los caminos de vejez o de frío? ¡Si fuera suficiente derrotar al olvido en una noche y saber de qué estrella viene mi piel a contener el mundo! Los ojos se sumergen en una luz pequeña y quedan ciegos, y más allá del polvo y del milagro también sufren de amor, hambre y olvido las inconmensurables lunas espirales. Nadie sabe si llueve también en las altas montañas. Nadie quiere saberlo cuando las hortalizas revientan en las manos de los agricultores y el arroyuelo moja la falda de las muchachas en otoño. Ahora me doy cuenta de que llevo una mariposa entre las manos y es preciso dejar que se pierda en la neblina. Ahora me doy cuenta de que alguien, con una voz coral más grande que mi desnudo grito hacia el límite antiguo, tiene una cara hermosa y un lamento dibujado en la cara y me dice que para alzar el trigo hay que saber quemarse las espadas.

📖Reseña y Análisis Literario

«Más cerca de la tierra» de Abelardo Vicioso es una profunda meditación existencial y social sobre la condición humana, el sufrimiento y el renacimiento a través del compromiso con el pueblo. El poema explora la paradoja de la muerte y el dolor no como finales trágicos o destructivos, sino como sacrificios fértiles y necesarios para la transformación del mundo («para que toda la tierra se ponga a renacer en salud y hermosura»). El hablante lírico se presenta cargado de memoria e incertidumbre, afirmando que solo quien ha sido tocado por el sufrimiento («Nadie sin una herida puede decir ahora: estoy presente») posee la legitimidad para integrarse a las luchas colectivas. A lo largo del texto, las emociones transitan desde una melancolía íntima hasta una serena determinación social. La muerte que sostiene la voz poética no proviene de la violencia de las espadas, sino de la intensidad vital y la entrega. El poema culmina con la toma de conciencia de que el arte y el grito individual deben amalgamarse con la colectividad, concluyendo con la poderosa idea de que para lograr el sustento y la dignidad («alzar el trigo») es imprescindible asumir el riesgo y el sacrificio propio en la contienda social.

🏛️Contexto Histórico

Abelardo Vicioso (1930-2004) fue una de las figuras clave de la literatura dominicana, perteneciente a la destacada Generación del 48. Su obra se enmarca en la poesía de compromiso social y de protesta contra la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo y las posteriores intervenciones extranjeras en la República Dominicana. Exiliado en varias ocasiones, Vicioso combinó su labor estética con un firme activismo político de izquierda, reflejando en sus versos el dolor del pueblo dominicano, el amor por la tierra nativa y la búsqueda de justicia e identidad caribeña.

✍️Figuras Literarias y Métrica

El poema utiliza una estructura en verso libre con un ritmo introspectivo y declarativo. Destaca el uso de la Paradoja y Antítesis al definir «la muerte que yo traigo es la pureza y el esplendor de la vida», subvirtiendo el concepto tradicional de la muerte. Emplea la Personificación en imágenes como «la tierra clama con ternura» o «un caballo que llora en rebeldía» para dotar a la naturaleza de sensibilidad y conciencia política. Asimismo, abundan las Metáforas complejas («rasgar el vestido de los ángeles», «desprender el dedo índice de los labios sedientos») y las Preguntas Retóricas («¿De dónde amor, de dónde llegas...?»), las cuales intensifican la búsqueda ontológica y emotiva del texto.

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