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El color de la pitahaya

A S. D. Asombra la lujuriosa sombra veteada color violeta casi azul del espumante cristal contrastado contra el rojo mantel donde la erótica tropical del aguacate con faldas de lechuga y otras viandas envuelven la severidad de tu rostro transparente por donde pasan hombres mujeres niños niñas amores odios pasiones silenciosamente correría de deseos tensas calmas después del éxtasis por las calles soleadas de la ciudad extranjera con sus aceras desiertas un domingo a media tarde avenidas partidas en dos por la luz herida e hirviente el repiquetear de campanas lejanas tamizado por el bramido de algún auto desdentado un perro ladrando la desventura del tiempo que se va mientras el desahuciado equino cruza cabizbajo la rotonda Borbotean esquirlas de luz en el cóncavo cristal magenta un silencio ambiguo acaricia el temblor de tus manos esas mismas que horas atrás atenazaban las sábanas en un amarre y desamarre de tus muslos bajo el agua turbulenta abrazados furiosamente al movimiento centrífugo / centrípeto de mi espasmódico braceo de náufrago en el encumbramiento Ahora aletean suavemente alrededor del vaso y de la tarde recogen en espiral precisa tus cabellos bajan rítmicamente las escala de tu blusa tu falda de flores Volteás el rostro y muchas ciudades arden dentro de tus ojos brevemente interpuestos en la memoria de los míos tratan de encubrir inútilmente el puente tendido andante desandado en los pliegues nocturnos del fuego sagrado de tu canto tiempo insumiso en la península de la madrugada con las imprecisas meditaciones de alcoba donde tu llanto se confunde con el zumbido del aparato refrigerante gemidos de la noche por la culpa desnuda del cristal sin sabernos amantes derrotados por las ansias perennes y enlutadas en el deseo del otro espejo Tu mano derecha avanza hacia la sangre vegetal levanta el cáliz un sorbo eterno de ojos cerrados comunión en la imagen gozosa de labios y durazno Baja armoniosamente la bebida hasta el rojo extendido sobre blanco donde yacen las ofrendas un imperceptible color grana enciende tus otros labios donde bebo ávida pero suavemente la rabia contenida de estas palabras en la soledad del avión al despegar mientras las luces de la ciudad se difuminan lentamente tras el alcohol de la ventanilla

📖Reseña y Análisis Literario

«El color de la pitahaya» de Adriano Corrales Arias es una profunda meditación poética que entrelaza el erotismo tropical con la melancolía del desamor y la despedida. Dedicado a «S. D.», el poema sitúa al lector en la frontera entre la intimidad febril de la memoria y la soledad urbana del presente. El tema central explora la sacralidad del encuentro carnal en contraste con la inevitable separación física, marcada por el viaje final en avión. A través del motivo del jugo de pitahaya —simbolizado como «sangre vegetal»— el autor fusiona lo sensorial y lo litúrgico: el comer, el beber y la unión física se convierten en un acto de comunión sagrada y a la vez efímera. Las emociones evocadas transitan desde la pasión desenfrenada y el deseo carnal vivido en la península de la madrugada, hasta el desgarro silencioso del distanciamiento en una ciudad extranjera. La arquitectura del poema contrapone la calidez del cuerpo amado con la frialdad del paisaje urbano desierto y la sobriedad de la partida, dejando una sensación de nostalgia impregnada por la rabia y la belleza del deseo insatisfecho.

🏛️Contexto Histórico

Adriano Corrales Arias (Costa Rica, 1958) es un destacado poeta, ensayista, actor y académico centroamericano. Su obra se enmarca dentro de la poesía hispanoamericana contemporánea de finales del siglo XX y principios del XXI, caracterizada por la ruptura formal, el erotismo desinhibido y la exploración del espacio urbano y el nomadismo. Este poema refleja la lírica latinoamericana de la posmodernidad, donde el tránsito geográfico (aviones, ciudades extranjeras) y el choque entre la identidad tropical y el entorno cosmopolita marcan las vivencias afectivas de los autores contemporáneos.

✍️Figuras Literarias y Métrica

El poema está escrito en verso libre, sin métrica ni rima estructuradas, utilizando el espacio tipográfico para marcar el ritmo de la memoria. Entre sus principales recursos estilísticos destacan: 1) Metáfora: 'sangre vegetal' (el jugo de la fruta), 'faldas de lechuga' (la ensalada) y 'espasmódico braceo de náufrago' (el acto pasional). 2) Sinestesia: Combinación de percepciones táctiles, visuales y auditivas como 'luz herida e hirviente' y 'silencio ambiguo'. 3) Personificación: Atribución de sentimientos al entorno, como en 'un perro ladrando la desventura del tiempo'. 4) Lenguaje litúrgico/Símbolo: Uso de términos como 'cáliz', 'comunión', 'fuego sagrado' y 'ofrendas' para elevar el acto erótico a una dimensión mística.

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