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Trincheras del frente de Madrid

Una linea de tierra nos separa. Pero estamos tan lejos... Para llegar hasta vosotros, trenes, rutas extrañas, playas extranjeras, y sin embargo, hermanos enemigos ¡que cerca nuestra sangre!, que aclararon las mismas frutas, que encendieron, roja, primaveras y labios parecidos. ¿No sentís a la Patria temblorosa que por los pies os mete sus metales amasados de huesos y raices, que por el cielo claro, azul y extremo, trae campanas y el humo de la aldea donde nacisteis? ¿No sentís a España que está en el pan y el hierro y la amapola en la espiga, en la voz y en nuestra carne? ¿No sentís a la Patria, camaradas, alegres artesanos madrileños? Tú, que de niño, fuistes con nosotros al ritmo de un sencillo pasacalles delante de la alegre infantería, bajo balcones de rizadas palmas. Tú, que estuvistes un día al lado mío en el mismo columpio de verbena. En la grada dorada de toros, en las "paradas" de palomas y húsares en la pradera junto al Manzanares. Tú, hermano de taller y la tahona, cerrajero que abristes nuestra puerta, sereno de las tres de la mañana, campanero de abril de altos balcones. Maquinista del tren de mis veranos, cochero del Retiro y de mis infancia, guarda del césped, vendedor humilde de globos y banderas; ¿por qué alzados luchaís con odio contra mí y los mios, y en la tarde de abril vaís a esconder como topos siniestros en la tierra? Cuando ya la victoria da en los trigos de nuestros campos, y hay un alba intacta endurecida de clarines de oro y de frescas canciones juveniles.
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