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FÁBULA DE LA FUENTE Y EL CABALLO

A Beatriz de Laiglesia y Werner Aspenström Dicen que murió un caballo. Contaron que pasó como una sombra, que galopaba como noticia que va corriendo todos los días hasta la fuente -agua y sonidos blancos, jaurías blancas y galgo crepitar- todos los días entre la nieve y en el deshielo, sobre la hierba de mayo, año tras año huía de los lobos ese caballo que ahora está muerto atravesaba los bosques encendidos por la luna quien lo saludaba fríamente. Era castaño -acaso era una yegua- ese caballo del que hablo. Nunca lo podré conocer. Me han dicho que pasó como una sombra que su vida no fue sino una sombra y sin embargo el caballo era luz. Era un caballo ateniense. En sus ojos brillaba el fuego de la verdad y la beneza, pero nadie lo conoció. Ese caballo que ahora viene vigilante hasta este poema con los ojos agrandados por el insomnio de la muerte, con la mirada de mi hermano y la sonrisa de fábula a veces miraba a los hombres, pero los hombres no sabían prestar atención a un caballo. Ni el sabio ni el indiferente se preocuparon de indagar. Y así el caballo pudo ir año tras año hasta la fuente aquella y dicen que se hicieron compañía durante los durísimos tiempos. No hablaban más que de sus cosas en un lenguaje desconocido, más misterioso que el sueco aquel caballo y aquena fuente. La fuente era una comadre de las que todavía quedan, vividora, aficionada a los chismes. El caballo era un caballero, no puede decirse otra cosa. Dicen que galopaba como noticia que va corriendo a propagar la prosperidad, como un mensaje del rojo del verano. Y nadie lo escuchó sino la fuente, nadie supo su signo ni su símbolo, nadie quiso saber sino la fuente de aquel caballo color hoja seca. En el interior de un verso sueco descansa de su soledad y ahora ha negado a este poema antes del amanecer con grandes ojos semejantes a los de un antiguo profeta, con ojos que no se preguntan si fue dios quien hizo la muerte, con grandes ojos elevados a la categoría de potencias. Sueño y sendero, sangre y oscuridad que suenan como campanadas. Hacia dónde vuelan. De su paso no queda vestigio alguno. Y el caballo -desde la noche- mira y aprueba no los ojos de la desapacible sino la última luz de una brizna de hierba.

📖Reseña y Análisis Literario

El poema 'Fábula de la fuente y el caballo' de Blanca Andreu es una meditación lírica sobre la invisibilidad, la memoria y la naturaleza inasible de la verdad. La autora utiliza la figura del caballo, una criatura mítica y atemporal, para explorar la desconexión entre la esencia pura —representada como luz y sabiduría antigua— y la indiferencia humana. La fuente, personificada como una comadre chismosa, se convierte en la única confidente de este ser, simbolizando la soledad de aquellos que poseen una verdad que el mundo moderno, ocupado y apático, no alcanza a comprender. El poema evoca una atmósfera onírica y melancólica, donde la muerte no se presenta como un final absoluto, sino como una transición hacia un estado de observación silenciosa. La voz poética reconoce su propia incapacidad para conocer realmente al caballo, estableciendo una distancia respetuosa entre el observador y la criatura. A través de este diálogo entre el agua y el galope, Andreu logra transmitir una profunda nostalgia y una búsqueda existencial: la de encontrar sentido en las señales invisibles que atraviesan nuestra cotidianeidad. El caballo, con sus ojos de profeta, termina siendo un testigo silencioso de la vida, encarnando la dignidad ante la finitud y convirtiendo al verso mismo en su último refugio, permitiendo al lector asomarse, aunque sea brevemente, a ese misterio sagrado que permanece oculto a los ojos del sabio indiferente.

🏛️Contexto Histórico

Blanca Andreu, figura clave de la poesía española de los años 80, publicó este poema bajo la influencia de su estancia en Suecia, dedicada a Werner Aspenström. La obra se sitúa en un periodo donde la poesía española transicionaba hacia el posnovísimo, caracterizado por una mayor libertad formal, el uso de imágenes surrealistas y un tono reflexivo que se aleja de la poesía social directa, buscando en su lugar un lenguaje más hermético y subjetivo influenciado por la tradición nórdica.

✍️Figuras Literarias y Métrica

El poema emplea una estructura de verso libre que otorga un ritmo fluido y narrativo, similar a una leyenda oral. Entre las figuras literarias destacan la personificación de la fuente, descrita como una 'comadre' que guarda secretos, y la metáfora del caballo como 'noticia que va corriendo', que subraya su vitalidad y fugacidad. El uso de la sinestesia ('sonidos blancos') y el símil ('ojos semejantes a los de un antiguo profeta') enriquecen la imaginería visual. El texto recurre constantemente al hipérbaton y a la enumeración simbólica ('sueño y sendero, sangre y oscuridad'), recursos que refuerzan el carácter fabulesco y solemne de la pieza, alejándola de cualquier métrica rígida tradicional para priorizar la musicalidad interna del verso.

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