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Ellos, los muertos

Son los que nunca dan la mano Pero abren la boca del lobo Los que esparcen la espuma amarga Que rezuma de las iglesias Los que de pronto se bifurcan Entre el delirio y el olvido Su sombra desborda la tierra pero la brizna los oculta Nacieron de bellos revólveres De largos años y promesas Saltaron de turbias catástrofes O del fuego de los amores O de encuentros entre las moscas ¿Pero quién ama esas hamacas Que cuelgan de tanta pereza? ¿Quién reniega de su miseria? Se convierten en cerrojo En un cangrejo en una lágrima Los pájaros cruzan indemnes Su salvaje museo de cera Tatuaje amargo del desierto No hay ramas en ese lugar No hay naranjas sino horizonte Tantas cabezas sin colores Para el frío para el silencio El aceite de los eclipses Se dilatan en el recuerdo Hacen un perro con la lluvia Hacen fuego con un zapato Envuelven en hiedras el muro Aúllan guardando silencio En sus fríos nidos ocultos Absurdos como una plegaria Como la esperanza insensata De recobrar la antigua llave La alianza del cuerpo y del alma He aquí la tierra con su peso He aquí la luz con su amenaza Contra ellos tan sólo esta sed Este furor que espera nada ¡Oh belleza de lengua cálida Hechizada por su demonio! Mi único cielo es su caricia Su tesoro mi manicomio Es el sol con su llamarada La vida ávida y su rito La vida que teje su historia Sin sentido sin esperanza Ellos hacen chirriar las flores Son sólo sábnas desiertas Atraen las piedras a su sombra El agua inmóvil de los pozos Pero ahora los ignoramos Decimos adiós a los muertos Hoy somos los únicos dueños De un universo abandonado La luz del sexo los insulta ¡La eterna sangre que se abrasa! Un vivo dios intraducible Sin más victoria que su jaula

📖Reseña y Análisis Literario

En 'Ellos, los muertos', Enrique Molina despliega una poética de lo inquietante y lo liminal. El poema se construye como una elegía invertida o un exorcismo hacia aquellos espectros que, lejos de ser figuras etéreas, encarnan una presencia invasiva, absurda y decadente. Molina explora la tensión dialéctica entre la vida y la muerte, sugiriendo que los muertos no son solo ausencias, sino fuerzas que perturban el presente con su inercia y su estática desesperanza. La atmósfera es surrealista y sombría; los muertos se manifiestan a través de objetos cotidianos transformados en símbolos de desolación —como cerrojos, cenizas o nidos ocultos—, revelando una existencia despojada de propósito. El yo lírico transita entre el rechazo a esta influencia asfixiante y una fascinación melancólica por la 'belleza de lengua cálida' que aún sobrevive en el recuerdo. Hacia el final, el poema vira hacia una afirmación vitalista y desafiante del sujeto vivo frente al vacío, reivindicando la posesión de un universo que, aunque abandonado y carente de sentido absoluto, se siente vibrante frente a la estasis de los muertos. La emoción predominante es una mezcla de furor, desdén existencial y una profunda extrañeza ante la finitud.

🏛️Contexto Histórico

Enrique Molina fue una figura central de la vanguardia argentina y del surrealismo latinoamericano. Su obra se enmarca en una época de crisis de los grandes relatos y de introspección existencialista, común en la literatura argentina de mediados del siglo XX. El poema refleja la influencia de la estética surrealista, donde lo onírico y lo irracional sirven para cuestionar la realidad histórica, marcada en su caso por un profundo escepticismo ante la política y las estructuras sociales que el autor consideraba 'muertas' o inertes.

✍️Figuras Literarias y Métrica

El poema utiliza un lenguaje altamente metafórico y rupturista. Destacan metáforas poderosas como 'el aceite de los eclipses' o 'salvaje museo de cera', que cosifican el recuerdo de los muertos. El autor emplea la antítesis para contrastar la vitalidad del 'vivo dios' contra el 'cerrojo' de la muerte. También destaca la prosopopeya, al dotar a elementos inanimados como las flores de la capacidad de 'chirriar'. En cuanto a la métrica, Molina opta por el verso libre con versos mayoritariamente endecasílabos y heptasílabos sin rima fija, lo que confiere al poema un ritmo sincopado y visceral, acorde con la fragmentación temática del surrealismo.

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