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Señora Lexotán

Qué son seis miligramos tres veces al día si con ello se pueden anestesiar los sentimientos, si controla la ansiedad del todo. No ríes, no lloras, no percibes ni el principio ni el fin del mundo. Basta con abrir la boca: el ama de casa no es indecisa ante la gama del supermercado; los adúlteros no discuten la orfandad en el tálamo; nada agrede al taxista sólo el alto que obliga el rojo. Señora Lexotán, con usted no hay cabeza que perder.