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Instrucciones para seducir una palabra

Como si quemara la pones en el centro de tu mano. Con la uña de tu dedo medio, suave y ardorosamente, le quitas su olor a semántica, de forma que logres desnudar su espalda. No olvides hablarle quedo, sin engaños, alabando su determinación o su pereza, hasta que ella misma deje de moverse como una lombriz de tierra. Tócala, admira las bondades de su instinto, deja que sienta el calor de tu arrogancia. No le digas tan de prisa qué verso la requiere. No la espantes con tus ansias. Frecuenta sus múltiples ombligos y susúrrale que la prefieres, que nada va a pasarle, que ya te conocen allá de donde vino... Comprueba que su agitada respiración ha disminuido antes de pasar las yemas de tus dedos por las candentes sienes. Humedeciendo cada poro, aguántala sin miedo entre tus manos. Imagina sus vellos erizados. Consiéntela, malcríala y así, como se transporta un ave herida, lleva su inocencia al escritorio, ¡a la infinita página blanca! 11/I/99
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