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Fábula inefable de la niña loca

Tambor. ¡Tambor! Hermana: yo no quiero ser tambor me duelen demasiado los ojos en el agua desde que tengo abierta esta herida en el viento. Una vez me sembraron el alma de recuerdos y crecí como un árbol en la noche del tiempo, en donde está cayendo como una sola gota, para siempre, el silencio. Tambor. ¡Tambor! Hermana: yo no quiero ser tambor. Aquella dulce niña, que, como yo, tenía dos blancas manos locas tendidas a la luna, daba pena mirarla; porque sólo decía que la luna había vuelto sus manos mariposas: mariposas de sueños que volando se iban por el cielo remoto de las lunas difuntas. Tambor. ¡Tambor! Hermana: yo no quiero ser tambor. Me basta con mi ancho corazón de voces, mis caminos de humos enterrados, mis campanas de nieblas doblando entre las sombras me basta con mis ojos sonámbulos que miran como crece de trinos la bondad de mis manos. Tambor. ¡Tambor! Hermana: yo no quiero ser tambor. -Lo comprendo; es posible: tú lloras porque piensas que yo no estoy presente; supones que me he ido hacia los lirios rotos heridos por el aire, hacia el mundo de hojas que desangra la noche; supones que me he ido -toda desvanecida- hacia el cielo sin lumbre en que devoran albas tardías los gusanos. Yo estoy ausente, sí: ausente de la carne sin ensueños ni sangre de tus huecas palabras, más allá de tu muerta nominación de cosas. Yo estoy ausente, sí, de tu forma distinta de pronunciar alondra, sepultada en un pecho nublado por el llanto. -Tambor. ¡Tambor! Hermana: yo no quiero ser tambor. Ahora que dolencias de sombras angustiadas ascienden por el agua desnuda de mis ojos y mi herida no sangra en la carne del viento; ahora que estoy hecha de cosas enterradas y estoy henchida toda de estrellas como un río, no dejes que se vayan mis manos por el alba; no dejes que se vayan: Tengo miedo de un ángel oscuro que las llama. Tambor. ¡Tambor! Hermana: yo no quiero ser tambor.

📖Reseña y Análisis Literario

El poema 'Fábula inefable de la niña loca' de Franklin Mieses Burgos es una pieza profunda que explora la fractura de la identidad y la alienación del sujeto frente a las expectativas externas. A través del estribillo constante 'Hermana: yo no quiero ser tambor', el autor utiliza la metáfora del instrumento para simbolizar la instrumentalización de la persona, alguien reducido a un objeto que debe emitir sonidos o cumplir funciones dictadas por otros. La niña, figura central, se siente extraña a su propia realidad, atrapada entre la introspección melancólica y una sensibilidad que roza la locura. Los temas centrales incluyen la soledad ontológica, la incomprensión y el deseo de trascender la materialidad impuesta. El poema evoca una atmósfera onírica y angustiante, donde la naturaleza se humaniza para reflejar el dolor interior: heridas en el viento, ojos sonámbulos y cielos difuntos. La voz lírica reclama su derecho a una existencia propia, despojada de las etiquetas o 'nominaciones' que otros le imponen. Es, en esencia, un grito existencialista sobre la fragilidad del ser y la lucha contra la deshumanización, donde la locura funciona como una forma de resistencia frente a la insoportable rigidez del mundo cotidiano.

🏛️Contexto Histórico

Franklin Mieses Burgos (1907-1976) fue una figura central de la 'Poesía Sorprendida' en la República Dominicana. Este movimiento literario de los años 40 surgió como una reacción contra el realismo social y la literatura de compromiso político explícito, buscando una expresión más universal, metafísica y estética. La obra refleja la angustia de una época marcada por regímenes autoritarios y la búsqueda de una introspección radical, donde la poesía se convierte en un refugio para la libertad individual frente al entorno hostil.

✍️Figuras Literarias y Métrica

El poema se caracteriza por un lenguaje simbólico y vanguardista. Destacan metáforas potentes como 'mi alma de recuerdos' y 'mis caminos de humos enterrados', que dotan de corporalidad a estados psíquicos abstractos. El uso constante del apóstrofe y el estribillo funciona como un ancla rítmica que subraya la obsesión del sujeto lírico. La personificación está presente en la 'luna' y las 'manos mariposas', elementos que suavizan la atmósfera densa. Métrica: el poema emplea verso libre, lo que permite una mayor fluidez expresiva y libertad para seguir el curso errático del pensamiento de la 'niña loca'. Se recurre al encabalgamiento para enfatizar la sensación de caída o desamparo emocional, permitiendo que la voz lírica se desplace entre conceptos contrapuestos como luz y sombra, presencia y ausencia.

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