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Paisaje con un merengue al fondo

Por dentro de tu noche solitaria de un llanto de cuatrocientos años; por dentro de tu noche caída entre estas islas como un cielo terrible sembrado de huracanes; entre la caña amarga y el negro que no siebra poque no son tan largos los cabellos del agua; inmediato a la sobra caoba de tu carne: tamarindo crecido entre limones agrios; casi junto a tu risa de corazón de coco; frente a la vieja herida violeta de tus labios por donde gota a gota como un oscuro río desangran tus palabras, lo mismo que dos tensos bejucos enroscados bailemos un merengue: un furioso merengue que nunca más se acabe. -¿Qué somos indolentes? ¿Qué no apreciamos nada? ¿Qué únicamente amamos la botella de ron, la hamaca en que holgazanes quemamos el andullo del ocio en los cachimbos de barro mal cocidos que nos dio la miseria par nuestro solaz? Puede ser; no lo niego; pero ahora, entre tanto, bailemos un merengue hasta la madrugada, entre ajíes caribes de caricias robadas, cabe cielos ardidos de fuego de aguardiente, bajo una blanca luna, redonda, de cazabe. Que ya me están urgiendo de caminos reales los nísperos canelas de tus propios racimos, y no sé de qué soles tropicales me vienen todas estas violentas viscerales urgencias de querer cimarronas morbideces de sombras. -¿Qué hay muchos que aseguran que aquí, entre nosotros, la vida tiene el mismo tamaño de un cuchillo? ¿Qué nuestra gran tragedia como país empieza desde cuando aprendimos a tocar el bongó? ¿qué el acordeón y el güiro han sido los peores consejeros agrarios de nuestros campesinos? Puede ser; no lo niego; pero ahora, entre tanto, bailemos un merengue que nunca más se acabe, bailemos un merengue hasta la madrugada: que un hondo río de llanto tendrá que correr siempre para que no se extinga la sonrisa del mundo. -¿Qué el machete no es sólo en nuestras duras manos un hierro de labranza para cavar la tierra pequeña de conuco, sino que muchas veces se ha convertido en pluma para escribir la historia? Puede ser, no lo niego; pero ahora, entre tanto, bailemos un merengue que nunca más se acabe, bailemos un merengue hasta la madrugada: que ya no serán sólo tus manos olvidadas dos sonámbulas rutas de futuras vendimias sobre una tierra brava; ahora te daremos otras maternidades fecundas de distintas raíces verticales. -¿Qué fuimos y qué somos los mismos marrulleros; los mismos reticentes del pasado y de siempre? ¿Qué dentro de la escala de los seres humanos hay muchos que suponen que nosotros no vamos más allá del alcance de un plato de sancocho? Puede ser; no lo niego; pero ahor, entre tanto, bailemos un merengue de espaldas a la sombra de tus viejos dolores, más allá de tu noche eterna que no acaba, frente a frente a la herida violeta de tus labios por donde gota a gota como un oscuro río desangran tus palabras. Bailemos un merengue que nunca más se acabe, bailemos un merengue hasta la madrugada: el furioso mernegue que ha sido nuestra historia.

📖Reseña y Análisis Literario

En 'Paisaje con un merengue al fondo', Franklin Mieses Burgos construye un poema de resistencia identitaria y resiliencia ante la adversidad histórica. El autor dialoga con la imagen de una nación, el Caribe dominicano, marcada por una 'noche de cuatrocientos años' que simboliza el peso del colonialismo y el trauma. El poema se estructura como un contrapunto: frente a cada crítica o estigma social —que califica al sujeto caribeño de indolente, holgazán o violento—, el yo lírico responde con la invitación al baile. El merengue, más que un género musical, se revela como un mecanismo de defensa y afirmación vital. La obra transita entre el dolor profundo, evocado a través de metáforas viscerales como la 'herida violeta' de los labios y el 'oscuro río' de palabras, y una sensualidad tropical vibrante. La emoción predominante es una melancolía combativa; una conciencia clara de la tragedia nacional que, en lugar de llevar a la parálisis, impulsa a la creación de una identidad que se celebra en el movimiento y la persistencia. Es un canto a la capacidad humana de encontrar belleza y ritmo incluso entre las cenizas de la historia, transformando el sufrimiento en una historia que se sigue escribiendo al compás de la música.

🏛️Contexto Histórico

Franklin Mieses Burgos fue una figura central de la 'Poesía Sorprendida' en la República Dominicana durante los años 40. La obra refleja la crisis existencial de una nación marcada por la dictadura trujillista y el peso de una historia colonial prolongada. El autor busca distanciarse del pesimismo tradicional, integrando elementos folclóricos (el merengue, el machete, el conuco) no como folclorismo vacío, sino como símbolos de una identidad que lucha por definirse frente a los juicios externos y la opresión interna.

✍️Figuras Literarias y Métrica

El poema es rico en metáforas sensoriales y orgánicas: 'risa de corazón de coco' (sinestesia/metáfora), 'herida violeta de tus labios' (metáfora del trauma) y 'cielo terrible sembrado de huracanes'. Se utiliza la anáfora como estructura de rechazo a las críticas externas ('¿Qué somos...?'), lo cual establece un ritmo dialógico constante. El estilo es barroco, con una fuerte carga de adjetivación que evoca elementos naturales (caña, tamarindo, ajíes, nísperos). La métrica es libre, con versos largos que imitan el flujo constante de un río o el movimiento del baile, evitando una rima fija para mantener la urgencia del discurso.

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