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CANCIÓN A LA MUERTE DEL MISMO

Quien viere el sumptuoso túmulo al alto cielo levantado, de luto rodeado, de lumbres mil copioso, si se para a mirar quién es el muerto, será desde hoy bien cierto que no podrá en el mundo bastar nada para estorbar la fiera muerte airada. Ni edad, ni gentileza, ni sangre real antigua y generosa, ni de la más gloriosa corona la belleza, ni fuerte corazón, ni muestras claras de altas virtudes raras, ni tan gran padre, ni tan grande abuelo, que llenan con su fama tierra y cielo. ¿Quién ha de estar seguro, pues la fénix que sola tuvo el mundo, y otro Carlos segundo, nos lleva el hado duro? Y vimos sin color su blanca cara, a su España tan cara, como la tierna rosa delicada, que fue sin tiempo y sin razón cortada. Ilustre y alto mozo, a quien el cielo dio tan corta vida, que apenas fue sentida, fuiste breve gozo y ahora luengo llanto de tu España, de Flandes y Alemaña, Italia y de aquel mundo nuevo y rico, con quien cualquier imperio es corto y chico. No temas que la muerte vaya de tus despojos vitoriosa; antes irá medrosa de tu espíritu fuerte, las ínclitas hazañas que hicieras, los triunfos que tuvieras; y vio que a no perderte se perdía. y ansí el mismo temor le dio osadía.

📖Reseña y Análisis Literario

En 'Canción a la muerte del mismo', Fray Luis de León aborda con profunda melancolía la fragilidad de la existencia humana ante la inevitabilidad de la muerte. El poema funciona como una elegía que utiliza el funeral de una figura ilustre —posiblemente el príncipe Carlos, hijo de Felipe II— para reflexionar sobre la vanidad de los bienes terrenos. El autor articula un contraste marcado entre el 'sumptuoso túmulo', símbolo de la grandeza y el poder terrenal, y la 'fiera muerte airada', que no distingue entre linajes, virtudes ni edades. El tono del poema oscila entre la admiración por la figura fallecida y el pesimismo existencial ante la brevedad de la vida, descrita como una 'tierna rosa' cortada a destiempo. Fray Luis logra capturar el sentimiento de una nación entera que pierde a su esperanza, transformando el dolor individual en un lamento colectivo que atraviesa fronteras. La obra no solo es un elogio al difunto, sino también una meditación filosófica sobre la derrota que sufre la propia Muerte al enfrentarse a un espíritu cuya fama y virtudes trascienden el plano físico. En última instancia, el autor consuela al lector recordando que, aunque el cuerpo perece, el legado de las grandes almas triunfa sobre la propia finitud, dejando al lector con una mezcla de resignación y respeto ante el destino inevitable que nos iguala a todos.

🏛️Contexto Histórico

El poema fue escrito durante el Renacimiento español, en la segunda mitad del siglo XVI. Se cree que está dedicado a la muerte del infante don Carlos, hijo de Felipe II, cuya figura representaba la continuidad de la vasta hegemonía del Imperio español. Fray Luis de León, figura central de la literatura de la época, utiliza esta pérdida para retratar el desasosiego de una España que, pese a dominar el mundo, no podía evitar la fatalidad de las crisis dinásticas y la brevedad de la vida humana frente a la soberanía de la Providencia.

✍️Figuras Literarias y Métrica

El poema utiliza una estructura de lira (combinación de versos heptasílabos y endecasílabos). Destacan metáforas como 'tierna rosa delicada' para representar la juventud truncada y la 'fiera muerte airada' como personificación de la parca. Se observa una hipérbole al describir el alcance del luto por territorios como Flandes, Alemania e Italia, subrayando la importancia del difunto. También emplea anáforas y enumeraciones acumulativas para enfatizar la impotencia humana ante el destino (el 'hado duro'), contrastando lo efímero del poder con la eternidad del espíritu.

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