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Poema.es

Aparta de mí este cáliz

Caminando llego al río. Me gusta el olor. Las hierbas, los matorrales raquíticos, ese verde medio seco que tal vez el agua de este año hará retoñar.           Bendigo el silencio, la soledad de esta mañana de vera- no. No es un río caudaloso este tímido Sama de aguas co- lor marrón que sólo de cuando en cuando llegan hasta el mar y empañan el azul transparente. Se cruza de lado a la- do, el agua apenas a los tobillos. No canta ni susurra ni suena. Me siento y miro. Cojo una piedra y la lanzo con rabia. Pienso: si alcanza la otra orilla, él y yo contempla- remos juntos este río Sama una mañana de verano. Pero cae en el agua, cerca. No vale, digo. fue sólo un ensayo. Y sigo ensayando, aprendiendo el tamaño de cada piedra, su peso, la fuerza de mi brazo. Hasta que lo consigo. Vendrá uno de estos días, ahora lo sé. Y entonces me atrevo, sin pensar. Cojo al azar una piedra y digo en voz alta: si llega donde debe llegar él me amará como antes; volvremos a ser amado y amada, seré la amada en el Amado transformada. Pero antes de que la enorme piedra termine su trayectoria, le doy la espalda presa del pánico.