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Peregrinación al Santuario de la Virgen de las Peñas

Clavada ahí donde estás, entre las peñas del valle de Azapa te miro otra vez. He llegado de rodillas, sin zapatos transitando el estrecho camino y te ofrezco mi sangre derramada ahora y todos estos años, Santísima, para que intercedas por mí ante Él que como él no me quiere escuchar. Dile, Señora, que perdone la falta de dolor y contrición dile que algún día, si me escucha, lloraré con pesar todas esas lágrimas que le debo: ahora sólo el deseo de su amor me anima, nada más me importa. Así hablé, entre lágrimas y gemidos junto a cientos           de devotos mancos, cojos, paralíticos, ciegos. Y de pronto una voz que parecía venir del cielo dijo: Las penas de amor no le competen a la Santisima ni a Él. Ellos tienen asuntos más urgentes que atender. En el camino de vuelta, cruzando barrancos y abismos supe, una vez más y para siempre, que mi plegaria no sería atendida. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? Lejos           estás de mis ruegos, de las palabras de mi clamor

📖Reseña y Análisis Literario

El poema de Giovanna Pollarolo explora la intersección entre la fe religiosa y el sufrimiento romántico, presentando a una narradora que busca refugio en el Santuario de la Virgen de las Peñas en Arica. El texto se construye sobre un contraste doloroso: la devoción extrema, simbolizada por el sacrificio físico de caminar descalza y herida, frente a la trivialidad —a ojos de lo divino— de un desamor humano. La autora utiliza la iconografía del peregrinaje para ilustrar una desesperación profunda donde el amor romántico se convierte en una obsesión que desplaza a la espiritualidad. El clímax llega con la irrupción de una voz externa que despoja al sujeto lírico de su esperanza, etiquetando sus penas como irrelevantes para la jerarquía celestial. Esta desmitificación del milagro revela una soledad existencial aguda; la narradora no es solo abandonada por su amado, sino también ignorada por Dios. El poema evoca sentimientos de vacío, desamparo y una melancolía trágica que cuestiona la utilidad de la fe cuando el dolor individual no encuentra eco en lo trascendental. La referencia final al Salmo 22 enfatiza esta sensación de abandono absoluto, donde la oración se transforma en un grito sin respuesta que resuena en un paisaje inhóspito, dejando a la protagonista sola frente a su propia condición humana, despojada de cualquier consuelo divino o terrenal.

🏛️Contexto Histórico

Giovanna Pollarolo es una reconocida escritora peruana contemporánea. El poema se sitúa en el contexto de la tradición religiosa andina, específicamente la devoción a la Virgen de las Peñas en el Valle de Azapa, un lugar de peregrinación masiva. Aunque Pollarolo es peruana, su obra a menudo explora la geografía, el dolor femenino y la condición humana en un entorno latinoamericano marcado por la tradición católica y la crisis existencial moderna.

✍️Figuras Literarias y Métrica

El poema emplea un estilo confesional y directo, alejado de una métrica rígida, optando por el verso libre que otorga una cadencia de plegaria. Entre las figuras destacan: la 'hipérbole' al describir el sacrificio corporal ('sangre derramada', 'de rodillas'), que subraya la intensidad del tormento. Existe una 'metáfora' central en el 'camino' como el tránsito de la vida y la búsqueda de redención. El uso de la 'intertextualidad' es notable en la cita final del Salmo 22, la cual conecta el sufrimiento personal de la voz lírica con la angustia extrema de Cristo. Se observa también una 'ironía trágica' en la respuesta de la voz celestial, que despoja al ritual de peregrinación de su propósito salvífico. Finalmente, la enumeración de los devotos ('mancos, cojos, paralíticos, ciegos') sirve como un recurso de 'gradación' que sitúa a la hablante dentro de una comunidad de sufrientes, realzando la cruda realidad del entorno.

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