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La refalosa

Mira gaucho salvajón que no pierdo la esperanza y no es chanza de hacerte probar que cosa es «Tin Tin y Refalosa» ahora te diré como es: escuchá y no te asustés que para ustedes es canto más triste que viernes santo Unitario que agarramos lo estiramos o paradito nomás lo agarran los compañeros por supuesto, mazorqueros y ligao con maniador doblado ya queda coco con codo y desnudito ante todo ¡Salvajón! Aquí empieza su aflicción luego después a los pieses un sobeo en tres dobleces se le atraca y queda como una estaca lindamente asigurao, y parao lo tenemos clamoriando y como medio chanceando lo pinchamos y lo que grita cantamos «la refalosa y tin tin», sin violín. Pero seguimos al son de la vaina del latón que asentamos el cuchillo y le tantiamos con las uñas el cogote. ¡Brinca el salvaje vilote que da risa! ............... Finalmente: cuando creemos conveniente, después que nos divertimos grandemente, decimos que al salvaje el resuello se le ataje; y a derecha lo agarra uno de las mechas mientras otro lo sujeta como a potr de las patas que si se mueve es a gatas Entretanto nos clama por cuanto santo tiene el cielo; pero ahí nomás por consuelo a su queja abajito de la oreja con un puñal bien templao y afilao que se llama quita penas le atravesamos las venas del pescuezo ¿Y que se le hace con eso? larga sangre que es un gusto, y del susto entra revolver los ojos ............... ¡Que jarana! Nos reímos de buena gana y muy mucho al ver que hasta les da chucho; y entonces lo desatamos y soltamos; y lo sabemos parar para verlo refalar ¡en la sangre! hasta que le da calambre y se cai a patalear, y a temblar muy fiero, hasta que se estira el salvaje; y lo que espira le sacamos una lonja que apreciamos el sobarla y de manea gastarla De ahí se le cortan las orejas, barba, patillas y cejas; y pelao lo dejamos arumbao, para que engorde algún chanco, o carancho. ............... Con que ya ves, Salvajón Nadita te ha de pasar Después de hacerte gritar ¡Viva la Federación!

📖Reseña y Análisis Literario

«La refalosa» de Hilario Ascasubi es una de las piezas más crudas y paradigmáticas de la literatura gauchesca del siglo XIX. A través de la voz de un mazorquero, el autor despliega una estética de la crueldad que busca horrorizar al lector mediante la descripción detallada de una tortura infligida a un unitario. El poema trasciende la simple anécdota violenta para convertirse en un ejercicio de retórica del terror, donde el verdugo se regodea en el sufrimiento ajeno con una frialdad macabra. El uso del habla gauchesca, cargada de vulgarismos y giros regionales, dota al relato de una verosimilitud perturbadora, eliminando la distancia entre la ficción y la realidad política de la época. Temáticamente, la obra explora la deshumanización del adversario político, reducido aquí a un objeto de burla y experimentación sádica. La atmósfera es densa, asfixiante y cargada de una ironía trágica, puesto que el acto de barbarie es presentado por el victimario como una celebración festiva. En última instancia, Ascasubi logra su objetivo didáctico y político: denunciar los excesos del régimen rosista, exponiendo cómo la violencia extrema se convierte en el lenguaje fundamental de una sociedad fracturada por el fanatismo ideológico.

🏛️Contexto Histórico

El poema fue escrito en el contexto de las guerras civiles argentinas durante el periodo de la Confederación bajo el mandato de Juan Manuel de Rosas. Hilario Ascasubi, un férreo opositor al rosismo, utilizó esta composición como una herramienta de propaganda política para denunciar los métodos brutales empleados por la Mazorca, el brazo parapolicial del gobierno, contra los unitarios. La obra refleja la polarización extrema de la sociedad argentina de mediados del siglo XIX, donde la violencia física se consolidó como un método de control y coerción política.

✍️Figuras Literarias y Métrica

La obra se estructura en versos cortos de arte menor, lo que le otorga un ritmo ágil y trepidante que contrasta con la gravedad de las acciones narradas. Entre sus figuras destacan la hipérbole ('larga sangre que es un gusto') para enfatizar la brutalidad del verdugo, y el uso constante de la ironía trágica, al calificar el asesinato como una 'jarana' o diversión. El autor emplea el registro coloquial y dialectal del gaucho para dotar al poema de una identidad lingüística precisa, mientras que los estribillos funcionan como un macabro leitmotiv que refuerza la crueldad del relato. La personificación del 'quita penas' para referirse al puñal es un ejemplo magistral de eufemismo sarcástico que acentúa el cinismo del narrador.

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