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Destrucción de la mañana (del 11 al 15)

11 Y ha de ser cada día más difícil. Ya no se acercará a mí desde el alba. Su tierna adolescencia detendrían letreros de «Prohibido», «No», «Ya es tarde». ¿De dónde llegará? Si en su figura deslumbra el mediodía, otros amores habrán puesto en su oído usados sueños. Y con cierta aprensión ambos tendríamos que perdonar minucias trascendentes. Cubrir con alegría la tristeza de no habernos hallado el uno al otro en la estación de amar, cuando se es joven. ¿Y si nunca llegara yo a encontrarla? 12 Si pudiera volver a mi pasado... Quizás en mi pasado ella sí estaba y yo no supe verla. Está tal vez en él aún esperando y yo lo ignoro. No es posible volver. Nada es posible. Es todo tan distinto a lo soñado. He de seguir en mi hoy. Confuso. Solo. Aislado. Limitado yo a mí mismo. 13 Salgo a la calle. Dudo hacia cuál lado dirigirme. Da igual un sitio que otro. Todas las direcciones se bifurcan en incomodidad o aburrimiento. De la alta oscuridad baja la lluvia tropezando en las ráfagas del aire y se agarra al cabello, manos, traje... Es bueno caminar en la llovizna. Es bueno andar despacio bajo el agua. Sin rumbo uno asimismo, lluvia y viento, como agua y soplo, nada, por la calle. 14 Los nudillos golpean los cristales de un bar en una esquina. Hasta mí arriba mi nombre que me busca entre la lluvia. Es grato oír el nombre que uno lleva. Es grato descubrir que uno aún importa. Que importa a sus amigos que le llaman cuando pasa uno andando por la calle. 15 Me acerco adonde están. El bar alberga una concentración de espesas sombras que se agitan con ruido y gesticulan en el local oscuro. Como arañas las lámparas descienden desde el techo y acechan los grupitos de las mesas. Y unos rostros sonríen saludándome. ¡Esas caras no son de mis amigos! Son sus caricaturas despiadadas hechas por enemigos implacables. Y ellos estarán viendo al que me usurpa sin mostrar estupor. Por si lo ignoro. Es este nuevo cuerpo el que confunde a la gente. Son estos nuevos cuerpos ilícitos que a todos nos habitan los que impiden la antigua convivencia.

📖Reseña y Análisis Literario

La secuencia 11-15 de 'Destrucción de la mañana' de José María Fonollosa constituye un ejercicio de introspección existencial donde el sujeto lírico se enfrenta a la erosión del tiempo, la incomunicación y el desencanto urbano. En estos poemas, Fonollosa articula un diálogo entre la nostalgia por un pasado idealizado —aquel encuentro amoroso que la juventud impidió— y la cruda realidad de un presente fragmentado. El tono es predominantemente elegíaco; se percibe una renuncia a la trascendencia del vínculo humano, pues la distancia temporal convierte cualquier posible unión en una negociación de 'usados sueños'. La soledad no es solo una circunstancia, sino una ontología: el sujeto camina por una ciudad hostil donde la lluvia actúa como un elemento purificador y, al mismo tiempo, anulador de la identidad. La angustia culmina con la alienación del yo en el bar; allí, la percepción de los otros como 'caricaturas' evidencia un profundo extrañamiento existencial. Fonollosa logra retratar el desconcierto del individuo contemporáneo frente a la despersonalización, sugiriendo que la verdadera tragedia no es la ausencia del otro, sino la mutación irreversible de nuestra propia esencia, lo que impide cualquier forma de convivencia auténtica. Es, en esencia, una meditación sobre el aislamiento y el desajuste entre el deseo y la realidad tangible.

🏛️Contexto Histórico

José María Fonollosa es una figura singular de la poesía española de la segunda mitad del siglo XX. Aunque escribió gran parte de su obra en los años 70 y 80, su estilo se mantuvo al margen de las escuelas poéticas dominantes de la época. Su poesía, a menudo etiquetada como 'poesía de la experiencia' pero con matices existencialistas más sombríos, refleja la desolación de una generación marcada por la posguerra y la posterior transición, enfocándose en la deshumanización de la vida moderna y el escepticismo ante los grandes relatos sociales.

✍️Figuras Literarias y Métrica

Fonollosa emplea un verso libre de ritmo pausado que emula el monólogo interior. Destacan las metáforas de deshumanización, como 'caricaturas despiadadas' para referirse a la alteración del otro, y la personificación de las lámparas como 'arañas' que acechan, reforzando la atmósfera opresiva del bar. El recurso de la enumeración y el uso constante de la negación ('No es posible', 'nada es posible') enfatizan el determinismo y la limitación del sujeto. El estilo es conversacional, despojado de artificios ornamentales, priorizando una sintaxis clara pero cargada de una carga psicológica densa que subraya la soledad del hablante.

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