Poema.es LogoPoema.es

Los espantapájaros (17)

                    Casi una hora para el mediodía                     El calor abochorna los campos                     los pájaros no vuelan                     no hay brisa que mueva los árboles                     y tú estás ah?estoico en tu hierba caliente                     rodeado por el canto de las cigarras                     que en vano tratan de alegrar el polvo                     con sus pequeñas regaderas                     Estás ah?Yo abro la ventana                     para aplaudir tu actuación                     Lo haces muy bien  No hay otro como tú                     Con los brazos abiertos y el corazón expuesto                                                                                                     (a la intemperie                     recibes los cuchillos del sol  los martillazos del                                                                                                     (verano                     que te sacan hasta el último suspiro                     El mediodía ha de llegar a su máxima estatura                     entonces enfilará sus espinas sobre tu cabeza                     Tú seguirás callado hablando por medio del silencio                     Yo he de seguir en la ventana atento a tu monólogo                     Pasará el mediodía  llegarán las horas terribles                                                                                                     (de la tarde                     cuando casi llegues a incendiarte                     En ese momento estaré tan metido en tu impotencia                     que ya no sabré si estoy en la ventana o en tu paja                     Cuando el ocaso llegue habrá sangre sobre el polvo                     Instintivamente me tocaré la frente creyendo que es                                                                                                     (la mía                     Ya no soportaré mirar tu martirio                     entonces te he de traer a casa  te curaré las heridas                     refrescaré tu corazón y al día siguiente                     cuando el sol despunte para continuar el sacrificio                     tú estarás en la ventana y yo en tu lugar                     Cada día compartiremos la experiencia                     Una vez en el campo  otra en la ventana                     hasta que el invierno llegue                     hasta que las cigarras dejen de llorar                     hasta que el sol ya no hiera                     hasta que ya no haya martillazos                     ni sangre sobre el polvo                     Hasta que sólo quede tu resurrección                     hasta que enraizado en la tierra                     comiences a echar cogollos  flores  frutos                     Hasta que seas un árbol lleno de pájaros                     y tus ramas lleguen a mi ventana a ofrecer nidos                     donde puedan abrigarse mis poemas 1992

📖Reseña y Análisis Literario

En 'Los espantapájaros', Julio Iraheta Santos construye una meditación existencial sobre la alteridad, el sacrificio y la comunión entre el observador y el objeto contemplado. El poema presenta una atmósfera estática y opresiva, donde el calor y la intemperie actúan como catalizadores de un martirio silencioso. La figura del espantapájaros trasciende su función utilitaria para convertirse en un trasunto del artista o del ser humano que, en su estoicismo frente a las adversidades, expone su vulnerabilidad. La voz lírica, inicialmente distante desde la seguridad de su ventana, experimenta un proceso de ósmosis emocional con el sujeto padecente, disolviendo la barrera entre el 'yo' y el 'tú'. Esta simbiosis culmina en una transmutación lírica: el sufrimiento no se extingue, sino que se transforma en un ciclo de redención y fecundidad. La imagen final, en la que el espantapájaros se convierte en un árbol que ofrece refugio a los poemas, sugiere que el dolor, cuando es compartido y profundamente interiorizado, puede devenir en una fuerza vital creadora. El tono es elegíaco y empático, logrando elevar un escenario rural cotidiano a la categoría de alegoría universal sobre la persistencia y la esperanza que germina tras la superación de la 'hora terrible'.

🏛️Contexto Histórico

Publicado en 1992, este poema se inscribe en la producción tardía de Julio Iraheta Santos, poeta salvadoreño cuya obra suele reflejar una profunda preocupación por la condición humana, a menudo marcada por las tensiones sociales y políticas de su entorno centroamericano. Aunque el poema posee un matiz metafísico, puede interpretarse como un eco de las décadas de convulsión social en El Salvador, donde la figura del 'testigo' o el observador desde la ventana se convierte en un símbolo recurrente frente a la violencia y el infortunio histórico, buscando en la poesía una forma de transmutar el horror en una posibilidad de reconstrucción humanista.

✍️Figuras Literarias y Métrica

El poema utiliza el verso libre con una estructura narrativa fragmentaria. Destaca la personificación, al dotar al espantapájaros de una capacidad de comunicación silenciosa y un 'corazón expuesto'. Las metáforas son potentes: 'los cuchillos del sol' y 'los martillazos del verano' cosifican los elementos naturales como agentes agresores. Existe un juego deíctico constante entre la 'ventana' (lo doméstico, la seguridad) y el 'campo' (la intemperie, la realidad cruda). El autor emplea la anáfora en el cierre ('hasta que...') para crear un ritmo incantatorio que refuerza la idea de espera y transfiguración. El uso de la elipsis visual, con sangrías y saltos de línea, subraya la inestabilidad de la condición del espantapájaros y el desasosiego del espectador.

Poema.es

© 2026 Poema.es. Todos los derechos reservados. Desarrollado porJuan Romero Domínguez.