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PARADISÍACA

Cabe una rama en flor busqué tu arrimo. La dorada serpiente de mis males circuló por tus púdicos cendales con la invasora suavidad de un mimo. Sutil vapor alzábase del limo sulfurando las tintas otoñales del Poniente, y brillaba en los parrales la transparencia ustoria del racimo. Sintiendo que el azul nos impelía algo de Dios, tu boca con la mía se unieron en la tarde luminosa, bajo el caduco sátiro de yeso. Y como de una cinta milagrosa ascendí suspendido de tu beso.