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SALMO PLUVIAL

Tormenta Érase una caverna de agua sombría el cielo; el trueno, a la distancia, rodaba su peñón; y una remota brisa de conturbado vuelo, se acidulaba en tenue frescura de limón. Como caliente polen exhaló el campo seco un relente de trébol lo que empezó a llover. Bajo la lenta sombra, colgada en denso fleco, se vio el cardal con vívidos azules florecer. Una fulmínea verga rompió el aire al soslayo; sobre la tierra atónita cruzó un pavor mortal; y el firmamento entero se derrumbó en un rayo, como un inmenso techo de hierro y de cristal. Lluvia Y un mimbreral vibrante fue el chubasco resuelto que plantaba sus líquidas varillas al trasluz, o en pajonales de agua se espesaba revuelto, descerrajando al paso su pródigo arcabuz. Saltó la alegre lluvia por taludes y cauces, descolgó del tejado sonoro caracol; y luego, allá a lo lejos, se desnudó en los sauces, transparente y dorada bajo un rayo de sol. Calma Delicia de los árboles que abrevó el aguacero. Delicia de los gárrulos raudales en desliz. Cristalina delicia del trino del jilguero. Delicia serenísima de la tarde feliz. Plenitud El cerro azul estaba fragante de romero, y en los profundos campos silbaba la perdiz.

📖Reseña y Análisis Literario

En 'Salmo pluvial', Leopoldo Lugones despliega un ejercicio de virtuosismo descriptivo donde la naturaleza se transforma en un organismo vivo, sensible y casi arquitectónico. El poema, estructurado en cuatro movimientos, narra el ciclo completo de una tormenta estival, desde la tensión premonitoria y la atmósfera eléctrica hasta el alivio fertilizante de la lluvia y la calma luminosa posterior. La obra trasciende la simple descripción paisajista para convertirse en una celebración sensorial: la sequedad de la tierra ante la amenaza del rayo contrasta con la exuberancia sonora y cromática que sucede al chubasco. Lugones utiliza una adjetivación precisa, casi pictórica, que logra que el lector experimente la transición atmosférica como una vivencia orgánica. El 'salmo' del título adquiere un cariz sagrado, no en un sentido religioso convencional, sino como un himno panteísta que exalta la regeneración vital y la magnificencia de los elementos. La emoción que subyace es el asombro ante la capacidad purificadora del agua, un proceso de catarsis que restaura el orden en el paisaje, dejando al final una sensación de plenitud inefable, donde el aroma del romero y el canto de la perdiz sellan el triunfo de la serenidad recuperada tras el caos elemental.

🏛️Contexto Histórico

Publicado en 'El libro de los paisajes' (1917), el poema pertenece a la etapa de madurez de Leopoldo Lugones, máximo exponente del modernismo en Argentina. En este periodo, el autor se aleja de la exuberancia exótica y parnasiana de sus inicios para volcarse en una observación más íntima y telúrica del paisaje rioplatense, integrando técnicas estéticas europeas con la identidad geográfica de su país.

✍️Figuras Literarias y Métrica

Lugones emplea un alejandrino magistral con rima consonante. Destaca la metáfora compleja como en 'el firmamento entero se derrumbó en un rayo / como un inmenso techo de hierro y de cristal', donde la sinestesia y la comparación establecen una arquitectura visual de la tormenta. Se utiliza la personificación ('la tierra atónita', el 'mimbreral vibrante') y la aliteración sonora para imitar el repiqueteo del agua. La estructura de la sección 'Calma' recurre a la anáfora reiterativa de la palabra 'Delicia', enfatizando el efecto lírico y la cadencia rítmica de la paz alcanzada.

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