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Canción suicida

No obedece el futuro, ni el pasado obedece, ni siquiera los días contables del presente. Tampoco las palabras escritas obedecen. Son un destino al margen, unas canciones débiles, como las caracolas tocadas de cipreses que dejan en el viento las verdades sin suerte. No obedecen las cartas. La escopeta obedece el enigma que sufren los relojes de nieve. Porque el tiempo es un curso sin corazón ni leyes que olvida las historias y jamás obedece. Obedeció el disparo del suicida en la frente. Allí, junto a sus cosas, le obedeció la muerte.