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Diario Cómplice- Libro segundo (VIII)

A Francisco Brines Parece que soy yo quien hasta mí se acerca quien erguido camina rodeando mis piernas, apoyando la piel sobre mi pecho, cuando se acercan ellos, los recuerdos, esos gatos sonámbulos del tiempo que vigilan reunidos, como palabras dichas, caídas en el blanco mantel de aquellas fiestas. ¿Dónde está la memoria, detrás de qué latido se levanta para enseñar su rostro, el tesoro que lleva en sus ojeras de canciones perdidas, de promesas que nos tiran de pronto hacia otra parte? Mi historia no es un libro, como dices, es la esquina doblada de una página, porque pensar también lo que no he sido me define de un modo más exacto por elecciones o presentimientos, porque hay versos que nunca se llegan a escribir y la fidelidad que tengo a la poesía es demasiado débil, ni siquiera respeta su nostalgia. Perdóname. ¿Recuerdas el juego de crecer en soledad, una voz que te llama por tu nombre? La vida no traiciona, sólo existe de un modo diferente al esperado y es justo que se cuide, pues la cito cuando tengo interés en malgastarla.