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Palabras de un Amante

a Luisa Ackermann Como yo del amor me entrego a la corriente y sumerjo, en las aguas a que me he abandonado, mi corazón, y estrecho contra mí , locamente, un ser idolatrado. Yo sé que sólo estrecho como una quebradiza forma, que puede helarse de pronto, sombra vana, y que ese corazón de llama y ceniza será polvo mañana. Y que no saldrá nada. Ni una chispa siquiera que se huya a esa mansión romántica imposible... Polvo no más, y acaso una piedra ligera con la muerte impasible. Y han de venir serenos en la postrera hora cuando la carne del espíritu se evade, ante aquellos despojos donde el alma no ora ¡a hablar de eternidades!. ¡La eternidad! Extraña y tremenda amenaza al amante que gime destrozado en su duelo; lanzarle aquella frase que enloquece y abrasa: ¡ la eternidad, el cielo! ¡El cielo aún ! detrás de aquel hoyo profundo ¿ se abriría al objeto de mi pasión celosa? No quiero, entre ella y yo, los abismos de un mundo, basta con una fosa. Se me replica en vano para calmar mi llanto el ser del cual la muerte sin piedad te separa. ¿Qué dirías si el cielo que tú maldices tanto, por fin, te lo entregara?. Entregármelo ¡oh Dios!. mas, distinto, cambiado, con otros pensamientos y otro amor diferente, sin que quedara en él nada del ser amado ¡y amado locamente! ¡Ah, no ! ¡ Qué todo muera con ella! Lo prefiero y no encontrarla nunca, no verla nunca más; que el dolor que en sus garras me destroza prefiero ¡al consuelo que das! Y ahora, cuando siento bajo leve caricia mi corazón que vivo palpita apresurado, mientras sobre hondo caos, en olas de delicia le mantengo estrujado. Sin pesares inútiles y sin amargas quejas me dejo así mecer por la cruel realidad. No quiero, ¡oh,Dios! que , loca quimera, por mí tejas tu absurda eternidad. ¿Qué haría yo de aquel más allá insoportable yo, que no soy sino ternura y vehemencia? Mi cielo está aquí abajo, horrible o adorable. ¡No quiero tu clemencia! Durar no es nada, al fin, madre naturaleza, y si el amor se enciende bajos tus hondos ritos que importa el ser fugaces, si habemos la certeza ¡que somos infinitos!. Voluptuosidad es sublime heroísmo lanzar en el vacío la mirada perdida. Se ama más hondo cuando se ama sobre un abismo. donde oscila la vida. Cuando venga la muerte y este lazo invisible se deshaga de pronto que nos sujeta ahora y sienta yo en el alma la agonía terrible de su postrera hora, tendré valor. Mi propio dolor me dará brío ante lo que nos va por siempre a separar. Y habrá bastante amor este corazón mío ¡para nada esperar!