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Poema.es

Riverside

          Perros olfatean nuestras huellas y ladran. Flota lento el tiempo con su espalda mojada. Miro nuestras estrellas también desterradas. La carreta que lleva a la madre de Darío con dolores de parto hasta Metapa. El camión que lleva a Sandino atado desde el cuartel de la Guardia hasta el lugar emboscado donde lo fusilan La Patria que pensó la madre sintiendo los dolores del amanecer la Patria que pensó el guerrillero sintiendo las angustias de la noche. Esta es tu Patria y también el polvo de ese bus lleno de nicaragüenses que cruzaron el río Pregúntales por qué olvidaron sus arpas en las ramas de los sauces los aduaneros nos cierran sus puertas porque estamos contaminados por la pobreza. El río recibe exilios afluentes Verbos tristes. Mexicanos. Lunas marchitas. Y el tiempo en sus orillas hiede. Todo río hiede. De turbia aleonada crueldad sus aguas en éxodo arrebatan los dorados racimos de la noche y pudren los astros estancados en los juncos. Fuimos guerreros que cortamos la garra del león para colgarla de nuestra cintura. Pero los jefes juraron en vano el nombre de nuestros muertos. La opresión volvió de noche con su uniforme. La guerra se detuvo de casa en casa: Dejó pájaros ciegos Memorias de cenizas y el silencio de los que huyeron -¡Ojalá no se te borre el rostro de tu madre!, le dijo en la madrugada de la despedida bajo la misma estrella que ahora flota ahogada en las aguas oscuras. El muchacho se bajó el ala del sombrero para llorar a gusto. (1988)