📜
Poema.es

ESTILO DEL FANTASMA

Ya por añejos vinos, corre sangre, corren caballos negros, corren sollozos, corre muerte, y el sol relumbra en materias extrañas. Sobre el fluir fluyente, abandonado, entre banderas fuertes, sujeto tu ilusión, como un pájaro rojo, a la orilla de los dramáticos océanos de números; y, cuando las viejas águilas, atardecen tus pupilas de otoño, llenas de pasado guerrero, y el escorpión del suceder nos troncha la espada, mi furiosa pasión, mi soberbia, mi quemada pasión, contra "la muerte inmortal", levantándose, frente a frente, enarbola sus ámbitos, la marcha contra la nada, a la vanguardia de aquellos ejércitos tremendos, en donde relucen las calaveras de los héroes. Si, el incendio en las últimas cumbres; guarda las lágrimas en su tinaja el vendimiador de dolores, y sopla un hálito como trágico, de tal manera ardido y helado, simultáneamente; suena el miedo, de ser, entonces. Encaramados a todos los símbolos, feas bestias, negras bestias nos arrojan fruta podrida, cocos de tontos y obscuras imágenes hediondas, y los degeneras de verula, vestidos de perras, largan amarga baba de lacayos sobre nosotros; es, amiga, la familia del mundo, no, es la flor del estiércol, es la flor, es la flor morada y rabiosa de la burguesía; pero a la medida que nos empequeñecemos de años y de llantos, para bajar hacia la montaña de abajo, y la figura de la verdad nos marca la cara, avanzan hijos e hijas, retozando la historia, derrochando, derramando grandes copas dulces, y el vino y la miel rosada de la juventud, se les caen como la risa a la Rusia soviética; tú y yo nos miramos y envejecemos, porque nos miramos, y porque el arte patina las cosas, levantando su ataúd entre individuo e infinito. Ahora, si nosotros nos derrumbamos, con todo aquello que nos amamos y nos besamos, mutuamente, cargados de vida, y en lo cual radicó el honor de la existencia, va a ser ceniza la figura del sexo y de la lengua y del pecho y del corazón, que ya alumbra, y en los pies estará todo el peso del mundo, y ya nos vamos llegando, aproximando a la órbita, llenando de dispersión, colmando sombra, y tu belleza batalla contra tu belleza... Emigran las golondrinas desde tu pelo de pueblos; el tiempo de las cosechas del trigo y el vino flamea en tu corazón cubierto de huevos de tiempo y manzanas, Emigran las golondrinas desde tu pelo de pueblos; el tiempo de las cosechas del trigo y el vino flamea en tu corazón cubierto de huevos de tiempo y manzanas, es decir, como tarde, cuando la tarde arrea sus rebaños; nosotros dos, nosotros, cómo nos morimos, y cómo, en ti la niña marchita, tan linda, entristece de dignidad feliz a la mujer hermosa y profunda, como un carro de fuego, en mí, el adolescente agresivo y estusiasta, yace en este animal desesperado, con pecho tremendo, que agita la dialéctica; país de soledad, adentro del cual golpea y revienta el océano, y es una enorme isla, tan pequeña, que da espanto, y gira rugiendo, porque dos criaturas están abrazadas; huele a agua mojada, a paloma amarilla, a novela, a laguna, a vasija de otoño, y un horizonte de suspiros y sollozos suspende una gran tormenta sobre las nuestras cabezas; el pájaro pálido de las hojas cedas aletea a la ribera de los recuerdos, entre los braseros arrodillados, y retornan las viejas lámparas del pretérito, la angustia resplandece, como una virtud, en nosotros, y el terror de los proletarios abandonados nos raja el pecho, desde adentro como con fuego tremendo. Imponente como la popa de un gran barco, amarillo y espantoso de presencia, el sol inicia la caída definitiva, tranco a tranco, como el buey de la tarde eterna; besos de piedra, todas las máscaras de dios se despluman, y caen destrozados los penachos; un ataúd de fuego grita desde el oriente.