Sé que más allá de la muerte
está la muerte,
sé que más acá de la vida
está la estafa.
Sé que no existe el consuelo
que no existe
la anhelada tierra de mis sueños
ni la desgarrada visión de nuestros héroes.
Pero
te seguimos buscando, patria,
en las traiciones del recién llegado
y en las mentiras del primer cronista.
Sé que no existe el refugio del abrazo
y que Dios es un estruendo de hojalata.
Pero
te seguimos buscando, patria,
en las amenazas del nuevo impostor
y en las palmas que revientan buldoceadas.
Sé que no existe la visión
del que siempre parece entre las llamas
que no existe la tierra presentida.
Pero
te seguimos buscando, tierra,
en el roer incesante de las aguas,
en el reventar de mangos y mameyes,
en el tecleteo de las estaciones
y en la confusión de todos los gritos.
Sé que no existe la zona del descanso
que faltan alimentos para el sueño,
que no hay puertas en medio del espanto
Pero
te seguimos, buscando, puerta,
en las costas usurpadas de metralla,
en la caligrafía de los delincuentes,
en el insustancial delirio de una conga.
Sé
que hay un enorme torrente de ofensas aún guardadas
y arsenales de armas estratégicas,
que hay palabras malditas, que hay presiones
y que en ningún sitio está el árbol que no existe.
Pero
te seguimos buscando, árbol,
en las madrugadas de cola para el pan
y en las noches de colas para el sueño.
Te seguimos buscando, sueño,
en las contradicciones de la historia
en los silbidos de las perseguidoras
y en las paredes atestadas de blasfemias.
Sé
que no hallaremos tiempo
que no hay tiempo ya para gritar,
que nos falta la memoria,
que olvidamos el poema, que, aturdidos,
acudimos a la última llamada
(El agua, la cola del cigarro).
Pero
te seguimos buscando, tiempo,
en nuestro obligatorio concurrir a mítines,
funerales y triunfos oficiales,
y en las interminables jornadas en el campo.
Te seguimos buscando, palabra,
por sobre las charlas de las cacatúas
y el que vendió su voz por un paseo,
por sobre el cobarde que reconoce el llanto
pero tiene familias... y horas de recreo.
Te seguimos trabajando, poema,
por sobre la histeria de las multitudes
y tras la consigna de los altavoces,
más allá del ficticio esplendor y las promesas.
Que es ridículo invocar la dicha
que no existe 'la tierra tan deseada'
que no hallarán calma nuestras furias.
Todo eso lo sé.
Pero te seguimos buscando, dicha,
en la memoria de un gran latigazo
y tras el escozor de la última patada.
Te seguimos buscando, tierra,
en el fatigado ademán de nuestros padres
y en el obligatorio trotar de nuestras piernas.
Te seguimos buscando, calma,
en el infinito gravitar de nuestras furias
en el sitio donde confluyen nuestros huesos
en los mosquitos que comparten nuestros cuerpos
en el acoso por sueños y aceras
en el aullido del mar
en el sabor que perdieron los helados
en el olor del galán de noche
en la idea convertida en interjecciones ahogadas
en las noches de abstinencia
en la lujuria elemental
en el hambre de ayer que hoy hambrientos condenamos
en la pasada humillación que hoy humillados denunciamos.
En la censura de ayer que hoy amordazados señalamos
en el día que estalla
en los épicos suicidios
en el timo colectivo
en el chantaje internacional
en el pueril aplauso de las multitudes
en el reventar de cuerpos contra el muro
en las mañanas ametralladas
en la perenne infamia
en el impublicable ademán de los adolescentes
en nuestra voracidad impostergable
en el insolente estruendo de la primavera
en la ausencia de dios
en la soledad perpetua
y en el desesperado rodar hacia la muerte
Te seguimos buscando
te seguimos
te seguimos.
Central 'Manuel Sanguily'
Consolación del Norte, Pinar del Río.
Mayo de 1970.
📖Reseña y Análisis Literario
En 'Introducción del símbolo de la fe', Reinaldo Arenas construye una elegía a la desesperanza y, simultáneamente, un manifiesto de resistencia espiritual. El poema se estructura mediante una dialéctica constante entre el conocimiento racional del vacío —la certeza de que la 'patria', la 'dicha' o el 'consuelo' son construcciones inexistentes o estafas históricas— y la necesidad existencial de seguir buscándolos. El autor despliega un inventario crudo y sensorial de la cotidianidad cubana bajo el totalitarismo, donde el dolor físico y la precariedad se funden con la degradación del lenguaje. La repetición obsesiva de la estructura 'Sé que... Pero...' actúa como un mantra de resistencia, un acto de voluntad frente a la erosión de la identidad individual. La emoción predominante no es solo el desencanto, sino una suerte de estoicismo trágico; el hablante lírico reconoce que la realidad es un 'timo colectivo' y que la muerte es el único destino, pero persiste en el acto de nombrar aquello que ha sido arrebatado. Es una obra de introspección feroz que transforma la miseria material y política en una búsqueda metafísica incesante, donde el 'poema' mismo se convierte en el último refugio frente a la disol de la dignidad humana ante la abyección.
🏛️Contexto Histórico
El poema fue escrito en mayo de 1970 en la central azucarera 'Manuel Sanguily', Pinar del Río, durante un periodo en el que Arenas realizaba trabajos forzados agrícolas como castigo por su disidencia ideológica y homosexualidad. Este año, marcado por la fallida 'Zafra de los Diez Millones', representa un punto crítico de intensificación del control estatal en Cuba, donde la vida intelectual y personal del autor fue duramente perseguida y censurada.
✍️Figuras Literarias y Métrica
El poema se aleja de la rima consonante tradicional, optando por un verso libre, expansivo y de ritmo narrativo que emula el agotamiento físico. Predomina la anáfora ('Sé que', 'Te seguimos buscando'), que confiere una cadencia litúrgica y acumulativa. Destacan metáforas poderosas como 'Dios es un estruendo de hojalata', que desmitifica la fe bajo una luz industrial y vacía, y el uso de la enumeración caótica al final, que subraya el desmoronamiento de la realidad. El autor emplea el asíndeton para acelerar el ritmo en las secciones finales, reflejando el 'rodar hacia la muerte' y la urgencia de una memoria que se desvanece bajo la opresión.