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Desexilio de Diógenes

Me escapé del interminable cañaveral, y ahora estoy mirando la oigopa de antiguos parapetos, los pastos verdes sin fin bajo los cuales sin duda fluyen también el silencio el olvido y la sangre. Nada cesa aquí donde todo de algún modo ha muerto. Hay un pueblo invisible bajo los rieles. Canciones nocturnas que ascienden como fuegos fatuos. El rastro de fuego de la poesía es un gran peso muerto. El insonoro cadáver que arrastra un pálido asesino, indigno del antiguo y fiero oficio del guardabosques. No hay ninguna hacha enterrada bajo los abedules. Sobre el relumbre indiscreto del paisaje fluye, como una marquesina, la vieja consigna: Tempus fugit. Rostros antiguos y vacíos. Excavados por una angustia demasiado sostenida, por un sueño demasiado vasto y confuso y sórdido. El sueño del corazón hinchado por el ansia romántica. El tullido yo errante de las alcantarillas, la indetenible sombra de nerval con su desarbolado albatros-langosta, pasando junto a un chansonnier que silba, último hombre en pie, soberbio, con la giganta-niña a sus pies, ahíta de semen, oh noche impar de la hecatombe, del gran toro ciego que baila dormido en medio del aguacero, perplejo entre los barriles que ocultaban a la gorda dietrich de su amante tuberculoso y epiceno, hoy más que nunca tú eres eso, tú, la charca, la claridad glauca de la epidemia, el sol amarillo flotando en la sorda pupila del judío de nariz hinchada, roja contra el cristal sin brillo del bistrot, grandioso incomprendido vástago del siempre póstumo papa goriot solo en la estepa veloz con su caspa de hielo y su boca indescriptible abierta y muda. Ya sé que nadie podría decirnos quiénes somos. Mudos y anónimos entrechocamos los codos insomnes en la barra inexistente al sordo desleírse de pasos de caballos que tampoco existen. Hay huecos de obuses por todas partes, y el brillo dudoso de las alcantarillas. Ese hedor temible hoy sin valor alguno, al cabo de todas las tragedias. Como si hubiera inadvertidamente, advenido una tragedia última de colosales dimensiones y de incalculables consecuencias. Tragedia invisible. Muerte invisible del hombre, cambiado en símil, en puro de signio nimio. En tintineante círculo de latón que rota y ríe callejuela abajo perseguido por una muchedumbre de números. La gran cara del payaso o simple clown de invisibles rayas. Rayado por el retardado sol, caminando hacia atrás o desesperadamente hu yendo con todos los invisibles otros de ansiosas bocas sedientas, de bocas de guillaume, de caras rajadas a cuchillo, distendidas a fuerza de olvido, de inimaginable lentitud y sequía, y sueño de entretelas, de fulminantes fardos caídos a destiempo y de fragorosas aceras que avanzan hacia el vacío, llevando enseres opacos, y listas agujereadas, como artificiosos restos del día. Las aves y las rosas electrocutadas en los alambres ladran un discurso sin sílabas a la luna de cartón-piedra. Diógenes ha vuelto con una linterna de luz negra. Lo siguen cinco estúpidos alabarderos mecánicos devotos de sturlusson y su inútil balbuceo en la estepa, en el ondulado zinc de grandes batallas. El arte de los bardos ha muerto en la celosía de los almenares. No legaremos nada a nuestros descendientes. Elevaremos a magi y sacrum la imitación de las bacterias, pequeños y victoriosos como siempre en medio del charcutante doppeluniversum. El hilo rojo nos guía por entre la selva oscura. Pero también de él prescindiremos en el instante salvaje de la libertad. Los que deben morir morirán. Y des-a parecerán. Es así. Será así. Ya tenemos la mirada rapidísima de la rata y el olor eterno de los suicidas-niños. Miro el alba con mi falsa cabeza de bronce y mis ojos completamente redondos, rectilíneos-esféricos. Todos los héroes han muerto. Las mariposas de hojalata vuelan con rabia tornasol sobre la derruida tumba del ídolo-cometa. Su risa roja, enorme mueve con trazo negro la pésima ola que encalla una y otra vez sobre la misma solitaria péndulaymaderamen. Con increíble dificultad la insomne cabeza inicia un canturreo que acaba en seguida en gulp cadavérico. El sueño del clinamen tiene los ojos en blanco. Los adolescentes psicopompos humedecen sus dedos blancos en la blancura estremecedora que empolva los jubilosos esqueletos. Sonámbulos, recomienza la danza. El triángulo vertiginoso. El agua verde y la luz tendinosa se cruzan bajo el cerrado improviso. Los campos negros reaparecen en lontananza cantando la guerra y sus torvas figuras de cartón apedreadas por el viento. Pasan los peregrinos silentes borrachos en la luz negra del alba. Con fijos ojos de greda Diógenes mira la hastiada silueta de la tumba, y el brazo fantástico que divide el mar infinito de olas de hielo. Cruza los pies engualdrapados en mezclilla, y bebe de la botella de los condenados, con el glog-glog con que se escurren por el caño de plomo y cinabrio todos los sueños perdidos, y el lejano sonido de flauta del cristalero, tijera en mano, intraspasable como la hilaza de ceniza y fría cabeza de muñeco del laberinto.

📖Reseña y Análisis Literario

El poema 'Desexilio de Diógenes' de Rogelio Saunders se erige como una pieza de densidad metafísica y existencial. La obra articula una visión descarnada de la modernidad, donde la historia aparece como un cementerio de símbolos y el sujeto lírico se desdobla en la figura de un Diógenes contemporáneo que busca, infructuosamente, la autenticidad en un mundo de 'cartón-piedra'. La atmósfera es opresiva, teñida de un posmodernismo trágico donde la cultura, la poesía y las grandes narrativas se revelan como 'peso muerto' o 'cadáver insonoro'. Temáticamente, el texto explora la alienación urbana, la disolución del yo en una multitud anónima y el vacío absoluto tras el colapso de los valores tradicionales. La angustia se despliega a través de imágenes decadentes y grotescas—la epidemia, la rata, la mirada de greda—evocando una sensación de finitud cíclica. Es, en esencia, un lamento por la pérdida de la trascendencia humana, donde la libertad es un 'instante salvaje' que precede a la desaparición. El autor utiliza un tono desolador y desencantado, convirtiendo la vivencia urbana en un laberinto sin salida, donde la única constante es el 'Tempus fugit' y el silencio final tras la hecatombe invisible de la historia.

🏛️Contexto Histórico

Rogelio Saunders, poeta cubano, se inscribe en una tradición literaria que dialoga profundamente con la vanguardia europea y la literatura del exilio. Su obra refleja la crisis de las ideologías del siglo XX y la desazón propia del periodo de entreguerras y posguerra, utilizando referentes como Nerval, Balzac o el mito del cinismo griego para denunciar la fragilidad de la condición humana frente al peso de la historia y el desgaste del tiempo.

✍️Figuras Literarias y Métrica

El poema se estructura en verso libre con una disposición tipográfica que fragmenta el ritmo, enfatizando la sensación de ruptura. Entre las figuras destacan: la aliteración y onomatopeya (ej. 'glog-glog'), que otorgan una cualidad auditiva al desencanto; el uso recurrente de metáforas complejas y surrealistas ('luna de cartón-piedra', 'ojos de greda', 'sonido de flauta del cristalero'); y la intertextualidad constante, integrando figuras como Nerval y referencias a personajes de Balzac (Papa Goriot) para dotar de autoridad literaria al pesimismo. La métrica es irregular, subordinada a una lógica de flujo de conciencia que acelera o pausa la lectura según la tensión emocional del pasaje.

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