Poema.es LogoPoema.es

E. L. L. V

La historia de una mujer está en sus labios. Mira la cabeza de Jannine contra el muro ciego del patio. Su cara ennegrecida por la luz. Sus ojos cercados por la sombra: a sombrados, sin conciencia de ser bellos o cualquiera de esas magníficas e inexistentes cosas idio sincrásicas. Jannine es una muerta que sonríe en sueños. Un pez de partes negras. Cabestro de negra pez, de oscuro, adensado deseo bajo la axila. Döbling gänger fisch: doblemente vacío, allí donde se hamacan los arlequines bajo el sombrío mandato de un gancho de carnicería. No está bien que nos adurmamos en la música. Como no sea el repiquetear insonoro que baja como un trueno por la correa parda sujeta a la vieja curva del tobillo, al enfermo remedo de tobogán asesino de sueños. El payaso imperfecto amo y señor de todos los tableros deshabitados. Castigador de la informe polilla y su frívola canción de alezna y polvo. Los codos y las rodillas de Jannine: el puro tránsito de la lengua rebosada de hormigas, máscara y lengua de sueño, tránsito puro del noverbo en la espesada selva del escritorio. El artefacto símil del tren eléctrico en el escaparate de la tienda, junto a otras máscaras y otros sueños de aire, gestos inacabados junto a bocas que cantan y que piden, redondos muñones como mazacotes húmedos, costras que no tienen conciencia de un horno, pálidos saludos de muchachas espesadas en la espera, inmovilizadas por el deseo como magníficos inmensos depósitos de libido sin uso, bellos hasta lo insoportable. El informe poder inane perseguido por el ojo en declive, ojo en derrota. El compromiso con lo innecesario y el charco con gotas de aceite como gordas pepitas raspadas con furor opiáceo. El anhelo de la torre dentro del sueño del agua. El sexo que nada con grandes orejas de monja entre las crudas anémonas. Jannine sin cuerpo y sin nombre, sin obra y sin final, sin espacio, sin siquiera el sustrayente sin. Jannine desprovista de moribundia mínima o mediocridad fecunda. Sin eso. Ni siquiera eso. No, nada. No sobre todo eso. Las piernas cortadas del enano avanzan en la estepa. El ajedrez verdinegro de la estopa y el hilo crudo del trapo. Es el cortacielo aliado con la cantora ciega que hunde la uña exorbitante en el fastidioso chirriar del organillero mecánico dentro del rodaballo. No hay ninguna verdad que referir. Esto que leo escribo es tan falso como todo lo demás. El sexo sin sexo tras la barrera opaca del cristal doble, rayado por la lenta lluvia de lo inexistente, del persistente perecimiento de todo lo que muere sin fin alzado como un ralo bosque de juncos junto a la mano que pide, curvada como una nariz de bruja con la gran verruga burlescogrotesca y cómicoluciferina en medio como un ojo oblicuo. Sexo total que dispersa el cuerpo de la realidad en polvo de oro. (En poudre d?or.) Vivir lo falso hasta el fin como lo único verdadero, ajeno a toda mitología, a toda conclusión rentable, ?luminosa? o ?pura?. Pobre Balthus. El hablano bruñidor del bálano entre dos piedras de órgano, con ese impagable olor de lo húmedo. De infancia y fracaso, de sol único, y escozor torturante. Sol señorial y tiránico: pasto de la derrota. El sexo verde y el verde de lo verde, el verdinegro sexual, altamente creador-destructor bajo los párpados soñolientos que destituyeron o, por así decirlo, aniquilaron toda música. El rostro abierto como un gran tajo de labios rojiblancos, tumefactos, hinchados por una verdad nohistórica, sin valor alguno, buena para nada como la amante-prostituta recostada a la farola al fondo de todo blues. El rostro de la muerta flotando en el vacío de neón, profundo como el cansancio que aparta los dientes como bastones en un remedo de risa, descomponiendo la boca, desmigajando los labios, mientras el grito insonoro se prolonga como un túnel. Es el túnel del ojo desprovisto de mirada. No ciego. Sin mirada. No cerrado. Sin mirada. Ojo sin ojo. Y la música intocada del día negro, centelleante, lleno de miles de invisibles rostros. Los grandes labios elefantiásicos aleteando contra el cielo con rüido pre-histórico. Los corrugados pies bailando un baile de niños. El paso casi brioso, con la hueca cabeza arriba llena de la nostalgia de la antigua magia, impulsada por lo que ya no funciona, ebria de polvo, de muda desesperación, de olvido y olvido del olvido. Más equivocada que nunca en su diálogo con el firmamento. Cabeza humana, paso humano asombrosamente erróneos. Y al fondo los temibles los imparables carrouseles y su cohorte de luces, de caballitos y de ángeles. Perdido mundo infinito, infinitamente perdido. Nadadigo bajo todo lo que dice abrumadoramente mudo. Ya sé que no crees. Y haces bien: no creas. No hay nada que creer. No hay nada que imitar. Pero allí comienza todo. El golpe repetido en la protofigura de estopa que duerme en el polvo. La locura del labio que sólo piensa en el regreso. Fijo como una mirada sin ojo, no oye el silbato. Quisiera cantar ?dijo el cristal de invierno, los campos melancólicos, la fresca memorabilia de las piernas. Pero soy, ay, incapaz de todo eso, preso del plomo y de la rabiosa lluvia de lo frívolo. El mundo se derrumba sin un quejido, como un fallido clown que no ha pagado sus cuentas, aniquilado por la implacable y triunfal rosa de cartón y fieltro de los acreedores secundados por turbios animalejos mecánicos. La electrónica triunfa ?remeda, finalmente, patético. El digresivo mundo floral, la oficinesca y monstruosa celulosa se extiende como fuego líquido. Todo sonríe. Es imposible luchar contra lo eterno. Ese remedo de rosa, esa indescriptible cosa milenaria, ese péndulo en punto muerto del rostro-sexo, del cuerpo-rostro, lloviznando sin parar en el confín más alejado del universo, barrido hasta la hez por lo que no termina, infinitamente inacabado. El cuenco, que no habla, pre-domina. Seguirá atrayendo, con rüido casi alegre de tubo de escape de motorcicleta. El ronroneo intrascendente que señorea en cada centímetro de la boca. Atrayendo para siempre. In concluso mas imperecedero. Con gorda, oscura, invisible e invencible risa de colodión. ¿Quién ?exclamó lo hubiera dicho? La, sí, la incognoscible, la Anodina...

📖Reseña y Análisis Literario

El poema 'E. L. L. V' de Rogelio Saunders se erige como una meditación abismal sobre la ontología de lo inane y la fragilidad de la representación. A través de la figura de Jannine, el autor explora la deshumanización y la cosificación del sujeto, reduciéndolo a una serie de fragmentos corporales que oscilan entre el deseo, la decadencia y el vacío absoluto. El texto rechaza activamente las estructuras metafísicas tradicionales, abrazando en su lugar una estética de lo falso y lo transitorio. Temáticamente, la obra orbita en torno a la alienación y el hastío, utilizando un léxico que transita de lo visceral a lo mecánico. La atmósfera que se evoca es una de pesadilla circense y existencial, donde el erotismo se entremezcla con la putrefacción y la melancolía. Saunders no busca la construcción de un sentido trascendental, sino la exposición del 'no-ser' y de una realidad que, al ser observada, se desmorona en polvo. La emoción central es una suerte de indiferencia trágica, una resignación ante el 'eterno retorno' de lo incompleto y lo inútil, donde el lenguaje mismo se confiesa incapaz de aprehender una verdad última, dejándonos frente a una risa 'de colodión', gélida y persistente.

🏛️Contexto Histórico

Rogelio Saunders, autor de la periferia literaria contemporánea, se inscribe en una corriente post-vanguardista que cuestiona las certezas del siglo XX. Su obra refleja las inquietudes de una generación influenciada por la desintegración de los grandes relatos ideológicos y el auge de la cultura de la imagen y el objeto. Este poema, con sus referencias a Balthus y su atmósfera onírica, se vincula con la tradición surrealista tardía y el existencialismo, respondiendo a una modernidad desilusionada por la técnica y el simulacro.

✍️Figuras Literarias y Métrica

El poema emplea el verso libre con una disposición tipográfica quebrada, que refuerza la fragmentación de la identidad. Destacan metáforas audaces como 'ojo sin ojo' o 'peces de partes negras', que desfamiliarizan lo cotidiano. El uso de la sinestesia ('grito insonoro', 'luz ennegrecida') subraya la distorsión perceptiva. Abundan los neologismos y términos inusuales (como 'noverbo' o 'cómicoluciferina'), que actúan como vehículos de extrañamiento lingüístico. La métrica es deliberadamente irregular, rompiendo el ritmo para simular un discurso mecánico o fallido, apoyándose en aliteraciones constantes para enfatizar la naturaleza obsesiva y cíclica de la voz poética.

Poema.es

© 2026 Poema.es. Todos los derechos reservados. Desarrollado porJuan Romero Domínguez.