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Poema.es

Por las cornisas de la locura voy

y nada sino yo es el precipicio: sobre los desvencijados telares de los sueños no hay polvo ni sombra que pudiéramos trabajosamente arañar ahora para encontrar razones que la vida hicieran fácil, razones, espejos con nombres o tan sólo alguna memoria y algún bache. No hay razones, espejos o siluetas de muchachas o de nombres. No hay nada aquí, aquí no hay nadie. Las virutas de unas voces oigo, de unas oscuras voces que son muchas pero que sobre un mismo abismo forman una: el desierto de mis ojos les da nombre.