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POSESIÓN

Negros de sombra. Caudales de lentitud. Impaciente se esfuerza en armar la luna sobre la sombra sus puentes. (¿De plata? Son levadizos cuando, bizarro, de frente, de sus puertos despegado cruzar el día se siente.) Ahora los rayos desgarran la sombra espesa. Reciente, todo el paisaje se muestra abierto y mudo, evidente. Húmedos pinceles tocan las superficies, se mueven ágiles, brillantes; tensos brotan a flor los relieves. Extendido ya el paisaje está. Su mantel, no breve, flores y frutos de noche, en dulce peso, sostiene. La noche, madura toda, gravita sobre la nieve hilada. ¿Qué zumos densos dará en mi mano caliente? Su pompa rompe la cárcel exacta, y la pulpa ardiente, constelada de pepitas iluminadas, se vierte. Mis rojos labios la sorben. Hundo en su yema mis dientes. Toda mi boca se llena de amor, de fuegos presentes. Ebrio de luces, de noche, de brillos, mi cuerpo extiende sus miembros, ¿pisando estrellas?, temblor pisando celeste. La noche en mí. Yo la noche. Mis ojos ardiendo. Tenue, sobre mi lengua naciendo un sabor a alba creciente.