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Romance del estío

Fui a su puerta de jazmines para pedirle una brasa, y ella me dijo que sí, mientras mis labios miraba. La moza criolla tenía rostro de color de playa, y un mar de negros presagios en su cabeza ondulaba. -La boca no se la vi porque sus ojos cegaban-. Yo la miré caminar flexible como una liana, y la perla de su hombro se me engastó en la mirada. -La brisa ciñó sus flancos desnudos bajo la falda-. -¿Quieres amarme esta noche, que será noche estrellada? Le dije, cuando me trajo su corazón en la brasa. -Bajo el ardor de mis ojos sus senos se maduraban-. Ella me dijo que sí, y la tomé por el anca. Ancas que yo imaginé ancas de zebra africana. Piernas de yegua de sangre que así las hallé de largas. Pisfar de indómitos bríos hizo estremecer la pampa. Rudo galope de besos oyeron los que pasaban. Centauro de dos cabezas miró la noche asombrada.