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A las dos de la tarde

Para todo el silencio de esta mañana basta la suciedad de los corredores Donde somos la víctima, La amenaza de todos contra uno; puede que un día cuando todo esto / no sea más que el espejo roto o el tedio de una pobreza honorable, recordar esta casa llena de / flores y olor a lavanda donde sufrimos a Rambaud y nos acodamos en el árbol más viejo / a aullar el dolor, a sacar por la boca el corazón como trapo inservible, donde arrancamos memorias y accidentes con la intención de / procurarnos algo que no tuvimos. Nos devoramos junto al hormiguero, nos comimos los ojos. No nos / queda nada, esto lo recordarás como la luz de una bombilla decentemente apagada, donde exhumamos nuestro aliento, cobijados como dos animales rarísimos, verdá que mañana cuando pongas el radio y escuchés aquellas / canciones de otro país que no es el nuestro sentirás una vociferación distinta a ésta con que trato de meterme y verás como es de pequeño todo esto: las sillas, el basurero, las puertas, el espejo, y te darán ganas de regresar / como al origen de algún deseo dudoso, de algo reprimido por temor a no sé qué. Estaré como otras veces en la silla de siempre donde suelo esperarte / con esa melancolía aprendida en los corredores sucios, el árbol viejo junto al hormiguero y ese espejo limpio por tu mirada. Tantas veces.

📖Reseña y Análisis Literario

El poema 'A las dos de la tarde' de Alfonso Quijada Urías es una exploración descarnada de la cotidianidad en ruinas y la memoria afectiva. El autor sitúa la acción en un espacio doméstico degradado —corredores sucios y el tedio de la pobreza—, que funciona como un escenario claustrofóbico donde se desarrolla una relación humana marcada por el sufrimiento y la introspección. La atmósfera está impregnada de un existencialismo visceral; el dolor se materializa físicamente, llegando a 'sacar por la boca el corazón como trapo inservible'. El poema transita entre el desencanto por el presente y una nostalgia dolorosa, donde el sujeto lírico se aferra a los vestigios del pasado. La mención a 'Rimbaud' y la atmósfera de 'flores y olor a lavanda' contrastan violentamente con la realidad de los 'ojos devorados' y el 'hormiguero', sugiriendo un amor que es, al mismo tiempo, una forma de canibalismo emocional. Hacia el final, el texto se convierte en una meditación sobre el regreso, el deseo reprimido y la espera paciente. La voz poética reconoce la pequeñez de su entorno ante la inmensidad de un tiempo que se escapa, pero encuentra refugio en la persistencia de una melancolía que redefine su identidad y su lugar en el mundo. Es un poema sobre el desgaste de los vínculos y la permanencia de la soledad compartida.

🏛️Contexto Histórico

Alfonso Quijada Urías fue una figura central de la literatura salvadoreña de la segunda mitad del siglo XX. Su obra está profundamente influenciada por la convulsión política, la inestabilidad social de Centroamérica y la experiencia del exilio. El poema refleja la estética de la 'Generación Comprometida' y los grupos literarios posteriores, que, alejándose del panfleto, exploraron la angustia existencial, la pobreza urbana y la desintegración del sujeto frente a un entorno hostil y, a menudo, opresivo.

✍️Figuras Literarias y Métrica

El poema utiliza versos libres con una disposición visual que refuerza la sensación de fragmentación. Entre sus figuras destacan: la metáfora ('el corazón como trapo inservible'), que objetiviza el dolor; la hipérbole ('nos comimos los ojos'), enfatizando la intensidad del conflicto; y la antítesis entre lo doméstico decadente y lo elevado (el recuerdo de Rimbaud). Se observa el uso de la sinestesia y un lenguaje coloquial que, al mezclarse con un tono lírico, logra una mayor cercanía emocional. No sigue una métrica estricta, priorizando el ritmo interno y la cadencia del habla cotidiana.

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