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Puta

Rosario dixit No es el reptil que tienta con su boca ávida desde el viejo manzano del bien y el mal. Ni Lilith, ni una de tantas nefandas encarnaciones del pecado. Ni vedette proletaria, ni siquiera la devaluada y tropical sacerdotisa de Venus con que desean confundirla sus dizque adoradores. Una mujer al uso, que se toma, se llena, se quiebra y se repone como una pieza más en la vajilla cotidiana de los hombres; para que la otra, la, supuestamente, de lujo jamás se descascare, se desdore, ni pierda el precioso y suntuario estatus que le da la posesión. Pero, al cabo, detrás de la falacia, ambas se sienten igual que cualquiera de las dos vajillas: larga y desdeñosamente usadas por un cuerpo que jamás comprenderá a la piel que lo envuelve. La misma piel que sabe que hay un sordo desprecio aun en el fondo del más hondo deseo y que hay un resto de humillación en cada entrega.