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EL ÚLTIMO CANTO

Al través de las brumas y la nieve, En el rostro el dolor, la vista inquieta, El pie cansado vacilante mueve... Allá va, ¿no lo veis? ¡Pobre poeta! Sobre el herido corazón coloca La lira meliodosa, y macilento, Sentado al pie de la desnuda roca, Así prorrumpe en desmayado acento: «Ved las hojas marchitas, ved el ave, Envueltas van en raudo torbellino... ¿A dónde van? ¿A dónde voy? ¡Quién sabe! ¡Yo también soy como ellas peregrino! »Huyendo voy del tráfago mundano Con el rostro en las manos escondido. Mudable y débil corazón humano, ¡Hasta dónde, hasta dónde has descendido! »Ya a Dios los necios hombres escarnecen Y alzan al dios del interés loores. ¡Sus almas sin amor ni fe parecen Nidos sin aves, fuentes sin rumores! »Jamás la ola aunque con furia luche Conmoverá las rocas; ¡e imposible Que el triste grito del alción se escuche De la tormenta entre el fragor terrible! »La Poesía morirá en la lucha, El destino cruel sus horas cuenta; ¡Poetas! vuestros cantos nadie escucha, ¡Sois el alción de la social tormenta! »Yo vi en mis sueños de poeta un día De laurel en mi lira una corona; Hoy triste siento que en la frente mía Un gajo de ciprés se desmorona. »Yo quise alzar el vuelo a las ignotas Fuentes de eterna luz, ¡al infinito! Y hoy en el mundo, con las alas rotas, Cual ave sola en su prisión me agito. »Como una clara estrella vi en mi anhelo Sonreír en mi cielo la esperanza. Hoy cubren negras sombras ese cielo, ¡Hoy la luz a mi alma ya no alcanza! »Huyendo el mundo y su incesante ruido, Vengo a esta soledad sombría y honda. Ella por siempre mi último gemido, ¡Mi último canto y mi vergüenza esconda! »Tu muerte ¡oh Poesía! el siglo canta, Y del campo inmortal de las ideas El himno del trabajo se levanta Y dice al porvenir: ¡Bendito seas! »¡La indiferencia con su ceño grave Me relega al silencio y al olvido! Pobre y triste poeta ¡Soy un ave Que al fin se muere sin hallar un nido!» Dijo, y rompió la lira melodiosa Do entonaba sus cantos y querellas... Y al cielo levantó la faz llorosa, ¡Y en el cielo brotaban las estrellas!

📖Reseña y Análisis Literario

En 'El último canto', Ismael Enrique Arciniegas despliega un soliloquio existencial cargado de melancolía romántica, donde el poeta se erige como un arquetipo del artista incomprendido frente a la hostilidad de una modernidad materialista. La obra explora la tensión dialéctica entre la aspiración idealista del espíritu —representada por la lira y el vuelo hacia lo infinito— y la cruda realidad del 'tráfago mundano'. El protagonista se identifica con elementos efímeros y desolados: hojas marchitas, aves errantes y cipreses, símbolos de una decadencia que presagia la muerte del arte en una sociedad volcada al culto del interés económico. La emoción dominante no es solo la tristeza, sino una profunda decepción vital ante la indiferencia colectiva hacia la belleza y el trascendentalismo. El poema culmina en un acto de rendición absoluta; la ruptura de la lira simboliza el fin de la función social del poeta y su definitivo destierro al silencio. Es un testimonio lírico de la angustia del yo poético que, al no hallar eco en su entorno, se confiesa náufrago de sus propios sueños, convirtiendo su arte en un refugio final para el desengaño y el olvido.

🏛️Contexto Histórico

Ismael Enrique Arciniegas fue una figura destacada de las letras colombianas a finales del siglo XIX y principios del XX. Su obra se sitúa en la transición entre el romanticismo tardío y el modernismo hispanoamericano. Este poema refleja la crisis de identidad del intelectual de la época, quien, ante los vertiginosos cambios industriales y sociales que privilegiaban el pragmatismo, sentía el desplazamiento de la poesía como eje conductor de la sociedad, un tema recurrente en el pensamiento intelectual de fin de siglo.

✍️Figuras Literarias y Métrica

El poema emplea una estructura de serventesios (cuartetos de arte mayor, endecasílabos, con rima cruzada ABAB). Entre los recursos destacan: la personificación en el 'triste grito del alción' que representa la vulnerabilidad; la metáfora del 'gajo de ciprés' como emblema de muerte frente al laurel de gloria; y la antítesis entre las 'fuentes de eterna luz' y las 'negras sombras'. La hipérbole y la exclamación retórica refuerzan el dramatismo del tono, mientras que el uso de símbolos como el 'nido' y la 'lira rota' sintetizan la desolación del autor con gran precisión técnica y expresiva.

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