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Cinco últimos poemas para Cris

Ahora escribo pájaros. No los veo venir, no los elijo, de golpe están ahí, son esto, una bandada de palabras posándose una a una en los alambres de la página, chirriando, picoteando, lluvia de alas y yo sin pan que darles, solamente dejándolos venir. Tal vez sea eso un árbol o tal vez  el amor. Anoche te soñé sacerdotiza de Sekhmet, la diosa leontocéfala. Ella desnuda en pórfido, tu tersa piel desnuda. ¿Que ofrenda le rendías a la deidad salvaje que miraba a través de tu mirada un horizonte eterno e implacable? La taza de tus manos contenía tu libación secreta, lágrimas o tu sangre menstrual, o tu saliva. en todo caso no era semen y mi sueño sabía que la ofrenda sería rechazada con un lento rugido desdeñoso tal como desde siempre lo habías esperado. Después, quizá, ya no lo sé, las garras en tu seno  colmándote. Nunca sabré porqué tu lengua entró en mi boca cuando nos despedimos en tu hotel después de un amistoso recorrer la ciudad y un ajuste preciso de distancias. Creí por un momento que me dabas una cita futura, que abrías una tierra de nadie, un interregno donde alzanzar tu minucioso musgo. Circundada de amigas me besaste, yo la excepción, el monstruo, y tú la transgesora murmurante. Vaya a saber a quién besabas, de quién te despedías. Fui el vicario feliz de un solo instante, el que a veces encuentra en su saliva un breve gusto a madreselva bajo cielos australes. Quisiera ser Tiresias esta noche y en una lenta espera boca abajo recibirte y gemir bajo tus látigos y tus tibias medusas. Sabiendo que es la hora  de la metamorfosis recurrente, y que al bajar el vórtice de espumas te abrirías llorando, dulcemente empalada. Para volver después a tu imperioso reino de falanges, al cerco de piel, tus pulpos húmedos, hasta arrancarnos juntos y alcanzar abrazados las arenas del sueño. Pero no soy Tiresias, tan sólo el unicornio que busca el agua de tus manos y encuentra entre los belfos un puñado de sal. No te voy a cansar con más poemas. Digamos que te dije nubes, tijeras, barriletes, lápices y acaso alguna vez te sonreíste. 

📖Reseña y Análisis Literario

En 'Cinco últimos poemas para Cris', Julio Cortázar despliega una arquitectura lírica donde convergen lo onírico, el erotismo mítico y la introspección melancólica. El texto se articula como un ciclo de despedida, donde el autor transita desde la creación literaria —entendida como una manifestación orgánica de 'pájaros'— hacia la disección de una pasión inalcanzable. La figura de Cris aparece envuelta en una atmósfera de sacralidad antigua, evocando a la diosa Sekhmet, lo que sitúa el vínculo en un terreno de jerarquía desigual y deseo reverencial. El yo lírico se posiciona no como un amante posesivo, sino como un 'vicario' o un 'unicornio' que, ante la inmensidad de la figura amada, solo alcanza a recibir 'sal' en lugar de la comunión plena. La obra es una meditación sobre el vacío del interregno, ese espacio intermedio entre dos seres donde el lenguaje y el beso funcionan como puentes precarios. La emoción predominante es una resignación elegante; el poeta acepta la naturaleza inasible de su musa, cerrando el ciclo con la renuncia a la palabra para evitar el desgaste de la comunicación. La maestría reside en cómo lo cotidiano se entrelaza con la mitología, transformando la vivencia personal en una reflexión universal sobre la fugacidad del deseo y la imposibilidad de poseer al otro.

🏛️Contexto Histórico

Escritos hacia el final de la vida del autor, estos poemas están dedicados a Cristina Peri Rossi, escritora uruguaya con quien Cortázar mantuvo una relación profunda, marcada por la complicidad intelectual y una tensión erótica no siempre resuelta. Esta obra pertenece a la etapa de madurez tardía del autor, donde su estilo, antes vinculado a las vanguardias y al juego fantástico, se vuelve más íntimo, crudo y directo, reflejando su exilio en París y la consolidación de un universo poético personal, alejado de las experimentaciones narrativas de 'Rayuela'.

✍️Figuras Literarias y Métrica

El poema se caracteriza por un verso libre y una sintaxis fluida que prioriza el ritmo interno sobre la rima. Destaca el uso de la metáfora animalística y mitológica (Sekhmet, Tiresias, el unicornio), que dota a la figura amada de un carácter totémico y sagrado. Se emplea la sinestesia y la imagen sensorial ('breve gusto a madreselva', 'tus pulpos húmedos') para anclar la experiencia emocional en lo corpóreo. El autor utiliza la enumeración caótica para describir la escritura ('pájaros', 'lápices', 'barriletes'), sugiriendo la dificultad de atrapar la realidad mediante el lenguaje. Asimismo, la alusión a 'la tierra de nadie' y el 'interregno' funcionan como metáforas espaciales de la distancia emocional entre los amantes.

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