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CANTO XI

Por ti sé que el remo que regresa del horizonte, y el hacha que al contacto del árbol llena de resonancia el día, y el martillo que aplasta el hierro y lo moldea como una llama densa, y la mano que amasa el barro, para la vivienda, y amasa la harina para los hijos, y para los hijos de nuestros hijos, y el escalpelo que transmite sangre a la piedra, elevando su suave gesto en la penumbra, y la frente inclinada sobre la maravilla, hacen la conclusión de la jornada. Por ti sé que el paso de cada uno es solitario, como un recuerdo, como un instante, como la muerte de cada uno. Por ti sé que el amigo es sagrado, y que más vale un árbol con frutos que brillantes monedas de oro. Pero aquí estoy debatiéndome con sangre, imagen y lamento, recogido en mi gesto como habitante que sale de la noche. Por ti me alejo de las ruedas del lujo, de la serpiente de oro, de la araña de cristal pulido, de la cortina de azules mariposas. La tierra nos reclama más cerca de sí misma, más cerca del sueño en que la vemos. Ráfagas solitarias se acercan a mi frente, donde la noche mora temblando en los jazmines. Fugaces resplandores pasan entre mis huesos, mientras voy escuchando mis pasos en el polvo. Avanzo, clamo, caigo, y yo mismo levanto mi cuerpo abandonado. Agítanse las sombras al golpe de la sangre, con el trueno que enluta barrancos y montañas, y en la humedad enciende cuchillos, ojos, cuerpo y manos que socavan la soledad oscura. Camino por escombros, recojo un niño herido que interminablemente llama hacia las paredes. Busco un pan, me persiguen y mis rodillas sangran por largas madrugadas. Padre de mis huellas, padre de mi tristeza nocturna. Y de mi poesía.

📖Reseña y Análisis Literario

El Canto XI de Vicente Gerbasi representa una profunda introspección sobre la condición humana, donde el yo lírico transita desde la observación de los oficios cotidianos —el trabajo manual, el sustento y la construcción del hogar— hacia una desolación metafísica. El poema articula una dicotomía entre la materialidad de la existencia y la trascendencia del espíritu. A través de la dedicatoria implícita a un 'tú' que actúa como faro de verdad, el autor destila una filosofía de vida que privilegia la sencillez del árbol y el fruto sobre la banalidad de las riquezas materiales. La estructura del poema es un viaje desde la luz de la labor humana hacia la penumbra de la soledad y el sufrimiento existencial. Las emociones que evoca son de una melancolía esperanzada; el sujeto poético no se rinde ante la caída, sino que se levanta a sí mismo, convirtiendo el dolor y los escombros en el sustrato necesario para la creación poética. Es, en esencia, un canto a la vulnerabilidad, a la solidaridad con el desvalido y a la búsqueda de autenticidad en un mundo lleno de artificialidades y sombras.

🏛️Contexto Histórico

Vicente Gerbasi, figura central de la generación del 40 en Venezuela, escribió esta obra en un periodo marcado por la transición hacia la modernidad y las tensiones políticas del siglo XX. Su poesía, vinculada a menudo con el existencialismo y el surrealismo, refleja el desarraigo y la búsqueda de identidad propia tras las guerras mundiales y los procesos de transformación social en América Latina. El Canto XI es parte de un corpus lírico que busca recuperar lo telúrico y lo humano frente a la deshumanización técnica.

✍️Figuras Literarias y Métrica

El poema utiliza un verso libre de ritmo cadencioso que enfatiza la solemnidad del mensaje. Destacan metáforas potentes como 'la serpiente de oro' y 'la araña de cristal pulido', que representan la codicia y la frialdad de la vida urbana. El autor emplea el polisíndeton al inicio para enumerar las labores cotidianas, creando un efecto de acumulación épica. El uso del símbolo es fundamental: la tierra representa la raíz y la verdad, mientras que el 'niño herido' actúa como una metonimia del sufrimiento inocente. La anáfora recurrente 'Por ti sé que' otorga al texto un carácter de epifanía o revelación personal, dotando a la voz poética de una autoridad testimonial y confesional.

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