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Donde el sexo recibe la más ardiente dádiva y corresponde con igual generosidad

Cúspide del incendio: un edicto de fiebre nos reclama con su sed de amapolas el óbolo final de este preludio tan largamente hermoso. Ya se abren tus pétalos, ya escucho tu rojo palpitar, la balada candente que surge de tu hondura. Qué respiro, qué aliento inagotable en este fontanar, en esta alegre herida: no hay camino que no conduzca a ti, ni singladura que no rinda sus naves en tu ardiente bahía. Con la urgente liturgia de los dioses me invitas al banquete: qué impaciente rubor, qué madrugada se desata en mis labios al ver ese verano, ese intenso verano que en ti se despereza... Ya se arquea la cumbre de tu ojiva, y tu umbral se me brinda enardecido, y se agita en sus ascuas tu vivo campanil, el diminuto crisol de tu arcoiris. Ya te acercas voraz cuando te ofrezco mi altivo pedernal, mi masculino resumen de la brasa: Muy despacio mi furia se sumerge en la dulce penumbra, va llenando tus huecos, recorriendo tus pliegues, habitando tus lentos terciopelos, las sedas y damascos de tu cauce. Qué fluvial acogida, qué refugio, qué olvido en este algar, en este tibio infierno que me ofrece su abrazo y su dominio. Da comienzo la danza ritual, la felina pavana que nos funde en un secreto antiguo, y crece su fervor, y se reitera su mórbido vaivén, y se convierte en un tenso galope, en un rítmico vuelo sucesivo... Desde lejos, desde el puro linaje de la sangre, un huracán de fuego se aproxima, avanza, nos rodea, nos invade con su veraz augurio. Qué tierna combustión, qué llamarada, qué horizonte de polen su premura: ya está junto a nosotros, ya nos roza, nos prende, nos envuelve, nos cubre... Y al fin llega la lluvia, nuestra cálida lluvia enloquecida, dos frutales tormentas al unísono, un vendaval de espigas compartido, un feroz manantial que nos devora. Y después, un estero, un clamor, una larga ribera, un cántico a la vida. * * * Ahora todo es paz en esta alcoba. Las paredes no salen de su asombro. Las lámparas envidian nuestros cuerpos. La noche nos contempla emocionada. Detrás de los cristales, el invierno camina.

📖Reseña y Análisis Literario

El poema es una oda magistral a la unión erótica, donde el autor eleva el acto sexual a una categoría litúrgica y mística. A través de un lenguaje altamente sensorial, Porpetta describe el encuentro entre dos cuerpos como una comunión con la naturaleza y la divinidad. El texto recorre las distintas fases del deseo: desde el preludio y la anticipación, cargada de metáforas vegetales y de fuego, hasta la entrega absoluta, el clímax físico y, finalmente, la calma postrcoital. El autor emplea una imaginería rica en elementos naturales (amapolas, verano, lluvia, huracán, polen) para despojar al acto de cualquier connotación vulgar, revistiéndolo de una sacralidad cósmica. La experiencia sexual se presenta como un territorio de refugio, un 'tibio infierno' donde el tiempo se detiene y la individualidad se funde en una 'felina pavana'. La emoción predominante es la gratitud ante la vida y la entrega total, donde los amantes se convierten en elementos de un paisaje elemental. El poema cierra con una transición sutil hacia la quietud, donde la alcoba se vuelve un espacio sagrado, observado por una naturaleza exterior que, en contraste, se encuentra inerte y fría, subrayando la intensidad vital de la experiencia vivida por la pareja en su refugio íntimo.

🏛️Contexto Histórico

Antonio Porpetta (1936-2022) fue un destacado poeta español vinculado a la lírica contemporánea española. Su obra se caracteriza por un dominio técnico exquisito y una sensibilidad que a menudo explora la vitalidad, el erotismo y el existencialismo. Este poema se inscribe en la tradición de la poesía amorosa que trasciende la simple descripción física para alcanzar dimensiones trascendentales, una constante en la lírica española de finales del siglo XX, donde la libertad expresiva y la recuperación de la sensualidad fueron temas centrales frente a las restricciones del pasado.

✍️Figuras Literarias y Métrica

El poema es un despliegue de recursos retóricos que buscan potenciar la intensidad sensorial. Entre las figuras destacan: 1. Metáforas continuas: El erotismo se metaforiza mediante elementos botánicos ('pétalos', 'polen', 'frutales tormentas') y geológicos o arquitectónicos ('cumbre de tu ojiva', 'ardiente bahía'). 2. Antítesis y paradojas: El oxímoron 'tibio infierno' y 'alegre herida' encapsulan la dualidad del placer. 3. Personificación: 'Las lámparas envidian nuestros cuerpos' y 'el invierno camina', dotando al entorno de una consciencia observadora. 4. Gradación: El poema sigue una estructura ascendente que culmina en el clímax ('huracán de fuego', 'lluvia enloquecida'). 5. Métrica: El autor utiliza versos libres con una disposición espacial que sugiere el ritmo del acto amoroso; la alternancia de versos largos con versos cortos (a menudo sangrados) crea una cadencia que emula la respiración y el movimiento, permitiendo pausas dramáticas que subrayan la emoción del texto.

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